Cómo ayudar a los niños a lidiar con traumas

27 09 2008

Qué reacciones puedes esperar de los niños, cómo puedes ayudarlos y cuándo debes buscar ayuda profesional

The American National Red Cross

Sept. 16, 2008, 2:57PM

Los desastres perturban a todos los afectados, pero los niños, los ancianos y las personas incapacitadas corren un riesgo especial en estos casos.

Los chicos, por ejemplo, pierden temporalmente su visión del mundo como un sitio seguro y predecible. Temen que el suceso vuelva a ocurrir y que ellos o su familia reciban lesiones o mueran como consecuencia.

Tanto los daños, las heridas y las muertes pueden resultar de hechos incontrolables que a la mayoría de los pequeños les cuesta trabajo comprender.

La forma en que los padres y otros adultos reaccionan delante de un niño a un evento traumático puede contribuir a la recuperación rápida e integral de los pequeños. Este folleto incluye información general para ayudarte a lograr este objetivo.

Reacciones de los niños

El grado de ansiedad y de temor que experimenta un niño es real, aun cuando para los adultos parezca algo exagerado. Pero lo cierto es que los niños le temen a lo extraño y desconocido. Tienen miedo de que los dejen solos.

Después de un desastre, pueden comenzar a actuar como si fueran más chicos de lo que son.

Conductas que fueron comunes a una edad más temprana, como orinarse en la cama, chuparse un dedo, aferrarse a sus padres por miedo a los extraños, pueden reaparecer.

Niños mayores, que ya han demostrado cierta independencia, pueden preferir pasar más tiempo con su familia. Asimismo, pueden surgir problemas a la hora de dormir. Un chico puede comenzar a soñar pesadillas, por lo que no quiere dormir solo o le aterra la oscuridad. De igual forma, le puede costar trabajo quedarse dormido y dormir durante toda la noche.

Algunos niños canalizan su miedo a través de síntomas físicos, como dolores de estómagos, cefaleas o una sensación general de “estar enfermo”.

Todos los pequeños pueden presentar problemas relacionados con el pensamiento; pueden distraerse con facilidad, así como desorientarse, sentirse confundidos o tener dificultades para concentrarse.

Estas reacciones pueden ser desencadenadas por olores, objetos o actividades vinculadas al trauma.

Es probable que el niño no sea consciente de los factores desencadenantes de sus cambios de conducta ya que no está mostrando su ansiedad o temor de manera intencional.

Los traumas afectan a los chicos de acuerdo con su edad

• Del nacimiento a los dos años: Sin la capacidad para hablar, los pequeños no pueden describir un suceso o sus sentimientos. Pero pueden retener recuerdos de sitios específicos, de sonidos o de olores. Cuando crecen, estos recuerdos pueden volver a surgir durante sus juegos. Los bebés pueden irritarse con más facilidad y llorar con más frecuencia, y por eso necesitan que los carguen y los mimen a menudo. Reponderán a la atención que un adulto les proporciona.

• De preescolar al kindergarten:Ante un suceso agobiante, los pequeños pueden sentirse desamparados, impotentes e incapaces de protegerse a sí mismos. Cuando la seguridad de su mundo se ve amenazada, experimentan temores y sentimientos de inseguridad. Los niños a estas edades no pueden comprender el concepto de pérdida permanente; creen que las consecuencias son reversibles. En sus juegos, luego recrearán parte del desastre repetidamente. Esta es una reacción normal. Uno de los mayores temores de un chico o chica es que le abandonen, por lo que necesitan que les aseguren constantemente que se les quiere y nunca serán abandonados.

Actividades para la casa o la escuela

• Edad escolar (de 7 a 11 años)Actuar una situación, contacto físico, muñecos, arte, historias, movimientos musculares vigorosos (como lanzar pelotas).  Los niños a estas edades han desarrollado la capacidad para comprender el sentido de permanencia de una pérdida derivada de un trauma. Pueden preocuparse con los detalles del suceso y tal vez quieran hablar constantemente sobre eso. Es posible que no se puedan concentrar en la escuela y que sus calificaciones sufran. Como piensan de una forma más madura, su entendimiento de un desastre es más completo. Esto puede resultar en una amplia gama de reacciones, desde sentimientos de culpa, de fracaso e incluso ira.

Los niños en edad escolar también pueden volver a mostrar antiguos patrones de conducta. Pueden confrontar problemas para dormir, mientras que su alto grado de ansiedad y temor puede canalizarse a través de malestares físicos.

• Preadolescencia y adolescencia (de 12 a 18 años)Actuar una situación, muñecos, dibujar y pintar, compartir sus experiencias con el grupo, leer, redacción creativa o discusión del asunto.

En este grupo, los chicos tienen una gran necesidad de aparentar que saben y tienen experiencias del mundo, en especial delante de sus familias y amigos. Incluso cuando atraviesan por un suceso traumático, necesitan darse cuenta de que sus amigos sienten sus mismos temores y ansiedades, y que estos sentimientos son adecuados.

Como sobreviven al trauma, pueden sentirse inmortales, y esto puede conducir a conductas riesgosas y a exponerse a situaciones peligrosas. Sus reacciones constituyen una mezcla de cuando eran más inmaduros y de adultos.

La adolescencia es un período de progreso. Sin embargo, cuando se experimenta un trauma esto puede crear un sentimiento de inseguridad en el mundo. Incluso los adolescentes pueden retornar a patrones de conducta de cuando eran mucho más jóvenes. Agobiados por reacciones intensas, es probable que no puedan discutirlas con sus familiares.

Actividades escolares

Generales, lectura, apoyo de amigos, clases sanitarias, clases de arte, clases de drama y discurso público, estudios sociales, historia, gobierno.

• RutinasLos niños de cualquier edad pueden beneficiarse de la rutina familiar, como las comidas, las actividades y la hora de irse a la cama, tanto como otras personas. Esta rutina proporciona al chico un mayor grado de seguridad y la sensación de que está en control de su vida. Los muchachos deben estar la mayor parte del tiempo posible con aquellas personas con quienes se sienten cómodos y en un ambiente familiar.

• Necesidades especialesAcepta la necesidad especial de un chico y permítele que dependa un poco más de ti durante cierto período. Abrázalo cada vez que sienta la necesidad, permítele dejar la luz de su cuarto encendida de noche, o que no duerma solo. No te molestes si vuelve a dormir con su osito de peluche o una vieja mantita. No repares en estos apegos.

• Cobertura de los medios. Después de un desastre, todos quieren leer u oír las últimas noticias sobre lo ocurrido. Sin embargo, las investigaciones han demostrado que mensajes inesperados o ciertas imágenes de televisión suelen ser amedrentadoras para los niños y pueden desencadenar la aparición de problemas vinculados al estrés. Además, todo el que mire la cobertura de desastres pueden convertirse en lo que se llama “una víctima secundaria” y puede sufrir trastornos emocionales y físicos. Lo mejor es no permitir que los niños vean las noticias sobre desastres.

• Sentimientos y reacciones. Los niños expresan sus temores y reacciones de maneras diferentes. La forma en que aceptes esto influirá en la manera en que tu hijo se recupere de un trauma. Esto quiere decir que algunos chicos reaccionarán aislándose y evitarán hablar del suceso, mientras que otros se sentirán muy tristes y por momentos experimentarán rabia. Asimismo, pueden comportarse como si el desastre nunca hubiera ocurrido.

Los niños suelen sentir confusión por lo sucedido y por sus sentimientos. Sin embargo, no te sorprendas si notas que algunos chicos no parecen afectados por lo que han visto u oído. No todos reaccionan de inmediato, algunos muestras reacciones retardadas en los días, semanas e incluso meses sucesivos. Es probable que oros nunca desplieguen reacciones.

• Habla de lo ocurrido. Escucha y acepta los sentimientos de los niños. Contesta sus preguntas de forma simple y honesta. Asegúrate de que comprenden tus respuestas y su sentido. Usa palabras y frases que no confundan al chico o que le inspiren más miedo.

Crea oportunidades para que los chicos hablen entre ellos sobre lo ocurrido y que expresen cómo se sienten.

Explica honestamente cómo te sientes, incluso si no tienes deseo de hablar del asunto. Tal vez necesites “un respiro” y puedes pedirle a algún buen amigo de la familia, en quien confíes, que te ayude con los chicos. Si ellos siguen haciendo las mismas preguntas es porque están tratando de comprender la situación. Intentan hallar un significado a la confusión y alteración de su mundo.

Los chicos pequeños no comprenden que la muerte es un suceso permanente, así que pueden seguir preguntando porque esperan que todo vuelva a ser como antes.

Si un niño se siente culpable, pídele que te explique lo que pasó. Escúchale atentamente para detectar si él o ella expresa algún grado de responsabilidad con respecto a partes de su descripción. Explica los hechos y recalca que nadie, muchos menos un niño, podría haberlos impedido.

Permite que la escuela intervenga. La maestra del niño puede ser muy sensible a los cambios de conducta del chico y podrá responderle en una forma útil.

Incluso si sientes que el mundo no es un lugar muy seguro, puedes decirle a tu hijo: “todo ha terminado. Ahora haremos todo lo posible por permanecer seguros y juntos regresaremos a la normalidad”.

Analiza si los niños tienen preguntas y desean conversar.

Sé muy cariñoso y atento en esta etapa; los chicos te necesitan realmente.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Los niños son muy flexibles, aunque los traumas o las pérdidas los pueden afectar profundamente. A veces, un psicólogo puede ayudar a un chico proporcionándole un lugar seguro donde pueda hablar sobre lo ocurrido y sus sentimientos.

La ayuda profesional es una buena idea si el pequeño muestra alguno de estos cambios durante un período superior a tres meses después del evento traumático:.

• Problemas académicos o de conducta en la escuela.

• Explosiones de ira.

• Aislamiento de otros niños o de las actividades sociales.

• Pesadillas frecuentes u otros trastornos del sueño.

• Problemas físicos, como náuseas, cefaleas, pérdida o aumento de peso.


• Alto grado de ansiedad o conducta evasiva derivada del recuerdo del suceso.

• Depresión o sensación de desamparo en la vida o con respecto al futuro.

• Uso de drogas o alcohol.

Conductas riesgosas.

El suceso traumático sigue siendo un foco primario en su vida.

Algunos sucesos pueden hacer al niño más proclive a las dificultades. Si el chico ha experimentado una pérdida reciente, como ocurre cuando hay un divorcio, la muerte de un familiar o amigo cercano, o la mudada a otro vecindario, él o ella se puede sentir abrumado por el trauma. Un suceso traumático puede reactivar emociones vinculadas a experiencias traumáticas anteriores, lo cual puede ser muy intenso.

Consultar a un psicólogo no quiere decir que el chico esté “enfermo mentalmente” o que tú como padre o madre no le has dado el apoyo suficiente. Después de un trauma, muchos adultos y chicos han descubierto que conversar con un profesional ha sido útil y beneficioso, en especial cuando el psicólogo se especializa en reacciones post-traumáticas.

Para más información puedes visitar la página http://www.fema.gov/kids/

 

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One response

2 05 2009
david lov

gracias por las pautas y consejo gracias y vere que puedo hacer con lodsmios

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