El niño y la cultura del consumo. Poner límites

22 08 2008

 

Dra. Mª Luz Prieto Salcedo.
Pediatra. Centro de Salud de Llanes, Asturias.

Sociedad de Pediatría de Asturias, Cantabria y Castilla y León

El fenómeno del consumismo se desarrolla y crece a lo largo del siglo XX. Se consume para satisfacer una necesidad del tipo que sea, aunque el significado de necesidad básica ha cambiado: ya no compramos sólo aquello que necesitamos, sino lo que la moda y la oferta ofrece. El consumo en sí mismo no es malo, pues no es un acto irreflexivo y compulsivo, permite placer y mejora las condiciones materiales de vida.

El consumo ha sido confundido con el consumismo, siendo cosas muy diferentes: el consumismo es el acto desenfrenado y desmesurado de comprar con el fin de llenar un vacío emocional o espiritual. El gran triunfo del consumismo es hacer creer a las personas que lo material les da la felicidad.

Los niños y jóvenes son los mejores consumidores y un blanco importante de la publicidad, pues no sólo gastan su dinero sino que también se explota la influencia que ejercen en las decisiones de consumo de sus padres. Los niños son complacidos en todas sus demandas por la creencia que se tiene del “cómo no voy a dar si yo tengo”. Sin embargo, los padres no debieran dar todo y no sólo por falta de dinero, sino porque se debe enseñar que en la vida no se puede tener todo. El problema se agrava si tenemos en cuenta que vivimos inmersos en una cultura en que requerimos satisfacción inmediata sin postergación. Debemos preparar a los niños para un futuro que estará lleno de decisiones de renuncia. Un niño que nunca recibe un “no” de sus padres, desarrollará una baja tolerancia a la frustración, lo que más adelante puede dar lugar a debilidad, inmadurez, violencia y conductas adictivas. El “no” de los padres frustra, pero también organiza y traza límites.

Las reglas del consumo y la publicidad conocen y explotan las características de los más jóvenes, de modo que sus mensajes puedan penetrar fácilmente en sus mentalidades y deseos: cambian en los adolescentes y los niños la necesidad del ser, por la del tener, la aceptación al grupo es entendida como capacidad de poseer, el grupo se identifica con los objetos de moda.

Combatir el consumismo. Estrategias

El medio más eficaz de combatir el consumismo es la prevención, entendida como un proceso continuado de orientación educativa, que debe comenzar ya en la primera infancia. Las estrategias básicas que debemos aplicar se pueden agrupar en tres bloques:

  1. Estimular la capacidad de crear, de entretenerse, de utilizar las cosas como un medio y no como un fin: dejar que los niños tengan “carencias materiales”, “momentos de aburrimiento” (no TV, no consola, jugar en la cocina, en el tendedero,…). Analizar con los niños y jóvenes sus necesidades reales y prioritarias, la utilidad y el valor real de las cosas, acompañarlos en las decisiones para neutralizar la presión de los medios de comunicación (comentar los anuncios de la TV en familia).
  2. Fomentar el trabajo. Desde muy pequeño, el niño debe saber que el dinero se gana trabajando y no sale “mágicamente” del cajero. Se debe establecer una paga, hacerle responsable de su uso y ser firme en los términos pactados. No se deben premiar con dinero (sí con palabras) las acciones que de todos modos debería hacer (tareas del colegio, asearse, recoger). Sin embargo sí se le debe dar la oportunidad de obtener dinero “extra” con trabajos que representan un esfuerzo o una responsabilidad especial (lavar el coche, regar las plantas, cuidar de un hermano).
  3. Estimular el ahorro. Establecer límites al uso de la paga: prohibir los gastos indiscriminados en chucherías, cromos, etc., procurando que el dinero no se gaste inmediatamente. De todas formas, permita a los niños equivocarse, es fundamental que tengan claro que si gastan más de la cuenta usted no les dará más dinero hasta la próxima paga. Los préstamos deben ser la excepción y por supuesto deben ser devueltos en los términos y el tiempo que usted imponga. Un excelente método para fomentar el ahorro y hacer más accesible las metas que se han propuesto (ese juguete especial) es establecer campañas de ahorro tipo “1+1”: por cada euro que él ahorre, usted pone otro, doblando así el esfuerzo que él hace. En el caso de un adolescente, lo más práctico es animarle a abrir una cuenta bancaria, del tipo “cuenta joven”, que gratifican las distintas sumas ahorradas que el chico va aportando.

Y por último, sea consecuente con lo que predica a sus hijos. No olvide que usted es el modelo que ellos tenderán a seguir, para bien o para mal, durante su propia vida adulta. Saque ventaja de esta influencia y regale a sus hijos una conducta responsable y una conciencia clara de lo que significa el dinero, el trabajo y la felicidad. No espere a que sea demasiado tarde y sus hijos se formen su propia idea, a partir de lo que aprendan en la calle y de las influencias del mercado.

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