Un niño

11 08 2008

Por Helen Buckley

De “Utopía y Educación” bajo licencia Creative Commons

Una vez un niño fue a la escuela. Él era bien pequeño. Y la escuela era bien grande. Pero cuando el niño vio que podía ir a su clase caminando directamente desde la puerta de afuera, él se sintió feliz, y la escuela no le parecía tan grande así:

Una mañana, cuando hacía poco que él estaba en la escuela, la maestra dijo:– Hoy vamos a hacer un dibujo.

 

      -Bien –pensó él.

A él le gustaba dibujar. El podía hacer todas las cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y barcos…, y tomó su caja de lápices y comenzó a dibujar. Pero la maestra dijo:

– ¡Esperen! ¡No es hora de comenzar!

Y él espero hasta que todos estuviesen prontos.

– ¡Ahora! –dijo la maestra- Vamos a dibujar flores.

-¡Bueno! –pensó el niño.

A él le gustaba dibujar flores con lápiz rosa, naranja, azul. Pero la maestra dijo:– ¡Esperen! Yo les mostraré cómo se hacen. ¡Así! –dijo la maestra, y era una flor roja con tallo verde.

 

– ¡Ahora sí! – dijo la maestra -. Ahora pueden comenzar.

El niño miró la flor de la maestra y luego miró la suya. A él le gustaba más su flor que la de la maestra. Pero él no reveló eso. Simplemente guardó su papel e hizo una flor como la de la maestra. Era roja, con el tallo verde.

Otro día, cuando el niño abrió la puerta de afuera, la maestra dijo:

– Hoy vamos a trabajar con plastilina.

– ¡Bien! –pensó el niño.

El podía hacer todo tipo de cosas con plastilina: víboras y muñecos de nieve, elefantes y rabitos; autos y camiones… Y comenzó a apretar y amasar la bola de plastilina, pero la maestra dijo:– ¡Esperen! No es hora de comenzar. Y él esperó hasta que todos estuviesen prontos.

 

– ¡Ahora! –dijo la maestra- nosotros vamos a hacer una víbora.

– Bien, pensó el niño. A él le gustaba hacer víboras. Y comenzó a hacer unas de diferentes tamaños y formas. Pero la maestra dijo:

 -¡Esperen! Yo les mostraré cómo hacer una víbora larga.

– Así! –dijo la maestra. Ahora pueden comenzar

El niño miró la viborita de la maestra. Entonces, miró las suyas. A él le gustaban más las suyas que las de la maestra. Pero no reveló eso. Simplemente amasó la plastilina, en una gran bola e hizo una viborita como la de la maestra. Que era una viborita larga.

Así luego el niño aprendió a esperar y a observar; y a hacer cosas como la maestra, y luego él no hacía las cosas por sí mismo.

Entonces sucedió que el niño y su familia se mudaron para otra casa, en otra ciudad y el niño tuvo que ir a otra escuela.

Esa escuela era mucho mayor que la primera, entonces había puertas afuera. Para llegar a su salón, él tenía que subir algunos escalones y seguir por un corredor largo para finalmente llegar a su clase.

Y justamente en el primer día, que él estaba allí, la maestra dijo:– Hoy vamos a hacer un dibujo.

 

– Bien –pensó el niño. Y esperó a la maestra para que le dijera cómo hacer. Pero ella no dijo nada, apenas andaba por el salón. Cuando se acercó al niño, ella dijo:

– ¿Tú no quieres dibujar?

– Sí –dijo el niño-. Pero ¿qué vamos a hacer?

– Yo no sé, hasta que tú lo hagas –dijo la maestra.

– ¿Cómo lo haré? –preguntó el niño.

– ¿Por qué?- dijo la maestra- De la manera que tú quieras.

– ¿Y de cualquier color? –preguntó él.

– De cualquier color –dijo la maestra-. Si todos hiciesen el mismo dibujo y usasen los mismos colores, ¿cómo yo podría saber quién hizo qué, ¿y cual sería de quién?.

– Yo no sé- dijo el niño. Y comenzó a hacer una flor roja, con el tallo verde.

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