Qué hacer con un genio en el pupitre

21 06 2008

La Consejería de Educación ha diagnosticado 75 escolares superdotados en Asturias, pero las familias advierten de que puede haber otros tres mil talentos sin detectar

Oviedo, Rafael SARRALDE   LA NUEVA ESPAÑA   11-3-2007


La Consejería de Educación tiene diagnosticados 75 escolares superdotados en Asturias: 48 en Infantil y Primaria y 27 en Secundaria. Las familias aseguran que hay muchísimos más (hasta 3.000) dado que el 3 por ciento de los alumnos tiene una edad mental de, al menos, dos años por encima de su edad cronológica. La Administración establece un matiz: no todos los niños de altas capacidades son superdotados. Para que esto ocurra deben confluir rasgos de inteligencia, creatividad y motivación. Los padres se niegan a perderse en batallas sobre el nombre de las cosas y acuden al meollo del problema: quieren que la escuela dé una respuesta adecuada (e individual) a sus hijos para sacarles el máximo rendimiento y advierten de la necesidad de detectar a tiempo sus capacidades para no alimentar una legión de perezosos intelectuales. LA NUEVA ESPAÑA ha hablado esta semana con cinco familias con niños superdotados.


El niño que quería ser inventor
Se llama Pablo, tiene 7 años y ya sabe qué quiere ser de mayor: inventor. Pero no inventor de cualquier cosa: quiere dejar como nuevos los instrumentos rotos («tipo violonchelo o flauta travesera») aplicando tecnología punta: «Metes el instrumento en una cinta transportadora y lo trasladas a un taller de robots». Y en un santiamén, violonchelo listo para una sinfonía. Pero Pablo, muchacho precavido para tiempos de incertidumbre laboral, tiene un «plan b» por si algún desaprensivo empresario le roba la patente durante su largo tránsito a la vida adulta. En ese caso, será guía turístico. Pero no cualquier guía. Quiere enseñar China a los viajeros españoles. Da clases de chino dos días a la semana y le gusta.Visionario y… solidario. Ha montado en su colegio un club que presta auxilio a los escolares más pequeños. Lo explica con estas palabras: «Si vemos que se está abusando de un niño en el patio, lo socorremos y luego jugamos con él a lo que quiera». Para crear esta sociedad de ayuda a los desamparados del santo recreo consiguió las firmas de apoyo de 23 compañeros de clase. Su madre, Pilar, se rinde a la evidencia: «Es un niño muy creativo».

El cerebro de Pablo vuela muy por encima del resto de la clase. Aprendió a sumar cuando otros aprendían sus primeras palabras. Luego le pidió a su padre que le enseñara a multiplicar: «Me dijo que si sabía multiplicar, pues que aprendiera a dividir. Y yo le dije: “Pues vale”». Estudia segundo de Primaria. Como ya acabó el programa de Matemáticas en el primer trimestre de curso, en su colegio han decidido que estudie el libro de tercero por su cuenta.

La flexibilización de los programas para que los alumnos superdotados avancen a su ritmo es una de las medidas que aplica el sistema educativo para combatir la «pereza intelectual» de estos muchachos. Y es que existe el temor (nada infundado) de que, al recibir una educación por debajo de sus necesidades, muchos niños acaban aburriéndose y, peor, desmotivándose, y, mucho peor aún, al final sean incapaces de desarrollar su gran potencial intelectual. Pilar, maestra de profesión, cree que su hijo está ahora mejor estimulado gracias a la adaptación del programa de Matemáticas a su velocidad de aprendizaje.

Un orientador dijo que el crío tiene nivel para ir a quinto, pero sus padres se niegan a que Pablo deje de estudiar con niños de su edad. Porque no hay que confundir velocidad con tocino. Ni talento con madurez intelectual. Inquieto (hizo amistad con el conserje del colegio porque le leía poemas), curioso (al acabar esta charla se dio una vuelta por la redacción de LA NUEVA ESPAÑA porque quería saber cómo se hace un periódico) y dotado de un vocabulario muy rico («me duelen los pies de meter tantos goles», confesó a un adulto tras un triunfal partido de fútbol), Pablo tendrá ganado medio partido si el sistema educativo es capaz de aprovechar todo su talento. Pero advierte: «Nadie es perfecto, ni la profe».

«Quiero viajar a Pompeya»
Nacho, de 10 años, tiene un cociente intelectual de 160 (lo normal es 100). O sea: tiene una capacidad intelectual muy alta. Pero nadie en su colegio gijonés lo sabe. «Lo ocultamos para evitar marcas o que se le someta a una exigencia mayor», confiesa Juan, su padre. Nacho, estudiante de quinto de Primaria, es, por lo tanto, una inteligencia extraña para el resto de la clase. Por el momento, el chaval no tiene problemas de adaptación en el colegio, aunque Nacho se siente más a gusto en compañía de adultos o de otros niños que, como él, miran el mundo a través de ojos privilegiados. «Nos consta que otros niños con altas capacidades sufren problemas, pero al nuestro, por fortuna, le va bien; el niño es consciente de que tiene más habilidades que sus compañeros, pero procuramos no ponderarlo demasiado», asegura el padre.

Una de las características de los niños con una inteligencia excepcional es que destacan en algunas materias, pero no necesariamente en todas. La debilidad de Nacho es la Historia. Cuando era un mocoso de apenas 4 años, ya se interesaba por los documentales de historia que daban en la tele. Desde entonces se ha empapado de Grecia Clásica e Imperio romano. Este verano cumplirá uno de sus sueños: viajará a Italia con sus padres. «Ha organizado todas las vacaciones y, por supuesto, las ruinas de Pompeya son el primer plato del menú».

«¿Por qué sólo cuento hasta cinco?»

Rodrigo experimentó su primera gran frustración en la guardería a la tierna edad de 2 años. Un día le dijo a Eva, su madre: «Mamá, ¿por qué sólo me dejan contar hasta cinco si yo ya sé contar hasta veinte?». Rodrigo iba a velocidad de McLaren en un circuito diseñado para utilitarios: con 18 meses ya se sabía las letras; dedujo por su cuenta que una «M» invertida equivalía a una «W», y luego llegaron las preguntas: «¿Por qué es de día?» «¿Por qué es de noche?». Y no le servía cualquier respuesta de urgencia.

Sus padres le sometieron a una valoración pedagógica (consulta privada) que dio el resultado esperado: superdotado. No hubo voladores ni corrió el cava. «Estamos contentos a nivel personal porque tenemos un niño muy despierto y divertidísimo, pero también preocupados porque Rodrigo, a veces, aparenta problemas en el colegio; dice que se aburre, que no quiere ir a clase, que no le gusta el patio». Ante supuestos como éste deberían activarse automáticamente las luces de emergencia porque, en contra de la leyenda de los lugares comunes que lo invaden todo, la sobredotación intelectual no es sinónimo de triunfo escolar o personal. De hecho, uno de cada tres niños con altas capacidades fracasa en la escuela.

Sin embargo, Eva lleva casi año y medio esperando a que la reciba la orientadora del centro para ver si es posible aplicar una adaptación del currículo para su hijo: «Yo no quiero que le cambien de curso, sino que el programa de estudios se adapte a sus necesidades; yo lo que quiero es que sea feliz y que se aprovechen sus capacidades desde pequeño».

Ajeno a lo que dictaminen los expertos sobre su futuro escolar, Rodrigo, a sus 4 años, lee a buen ritmo, completa sopas de letras, hace sus primeros sudokus, ya sitúa a Francia o a Estados Unidos en el mapa y corteja a su vecina de 6 años («le escribe cartas de amor», comenta la madre de este precoz donjuán). Muy pocas personas saben de las capacidades de Rodrigo: «Lo sabe la familia más cercana y punto, procuramos llevarlo con discreción porque no sabemos cómo va a reaccionar la gente. Recuerdo que una amiga me dijo una vez que esos chicos le dan mucha pena; por eso, procuras no contárselo a casi nadie».

«Yo soy el más listo, ¿tú que crees?»

Mateo (6 años) aprendió a leer casi sin ayuda cuando tenía 3. «A los 9 meses ya hablaba con una claridad asombrosa y con sólo 2 años ya conocía los números y las letras», comenta Ana, su madre. Le gustan las Matemáticas y la Geografía. Revela uno de sus objetivos vitales: «Quiero ir a las Islas Galápagos porque me encantan los reptiles». «Esos bichos que le dan tanto asco a mamá», remata Ana. No le afecta la aprensión de mamá: «Quiero ser biólogo de reptiles». O futbolista. Practica fútbol, kárate y pádel. Le gustan los idiomas (quiere aprender japonés) «y el ajedrez». Los padres tuvieron que cambiarle de colegio porque la dirección del primero se empeñó en decirles que la sobredotación intelectual es puro mito. «A mí me da igual que lo llamen como lo llamen», subraya la madre, «pero consideraba necesaria una adaptación curricular a mi hijo porque, mientras la clase aprendía la “A”, la “E”, la “I”, la “O” y la “U”, mi hijo ya sabía leer».

Mateo fue, al principio, un niño difícil. «Teníamos muchos problemas con él porque se portaba mal y no tenía amigos; en el colegio nos decían: ¿Un niño superdotado? ¿Y qué problema hay? El caso es que el niño lo pasó mal y nosotros, muy mal; la pediatra le llegó a mandar a salud mental».

Todo empezó a mejorar con el cambio de centro, el encuentro con otro niño con las mismas inquietudes y el contacto de la familia con la Asociación de Padres de Alumnos de Altas Capacidades del Principado de Asturias (APADAC), a la que pertenece la mayoría de familias que aparecen en este reportaje.

«La asociación me salvó la vida», confiesa Ana, «porque me ayudó a saber que lo que le pasaba a mi hijo no tiene nada de raro; Mateo es un niño normal; de lo que se trata es de potenciar sus cualidades porque en el futuro estos críos pueden aportar mucho a la sociedad». Ana es muy crítica con el sistema. Cree que en demasiadas ocasiones la mayoría de los profesores no tiene la suficiente formación en esta materia, lo que les inhabilita para sacar el máximo rendimiento a estos chicos:

«Hay que formar mejor a los profesores y a los orientadores». «El sistema», insiste, «no funciona porque yo no quiero que me digan que tengo el hijo más listo del mundo; yo quiero un niño feliz». «Yo soy el más listo, ¿tú qué crees?», le pregunta Mateo a su madre. «El más listo es también el que el mejor se porta», le recuerda. Fin de la historia.

«¿Qué hay en el fondo del mar?»

Paloma de Castro es la presidenta de APADAC. También su hija Paloma (9 años) ve las cosas de otra manera. A los 2 años hablaba perfectamente y ya se arrancaba con preguntas de adulto. Quería saber, por ejemplo, qué diablos hay en el fondo del mar. «Tiene una visión espacial increíble; con 5 años dibujaba los tiburones de frente». La cría tiene un alto sentido de la justicia. Y no le gusta lo que ve: «Quiere salvar el mundo; un verano me dijo que quería montar una ONG; se lo comentó a sus compañeros de clase y no le hicieron ni caso; se llevó un gran disgusto». Cuando Paloma empezó a sospechar que la nena era superdotada le entró un ataque de pánico. Pidió ayuda en la escuela, pero nadie abrió la puerta: «Mi hija destacaba mucho y nadie diagnosticaba su talento».

Sin saberlo, estaba emprendiendo un largo viaje al país de los tópicos. Según Cristina López Escribano, experta en altas capacidades, uno de los estereotipos que conviene suprimir es el de que los niños superdotados salen adelante por sí solos y que no necesitan ayuda. Paloma pudo comprobar que eso no es así: «Muchos piensan que un superdotado no necesita atención».

Cita a Albert Einstein, uno de los cerebros más privilegiados de la historia: «El talento que no se cultiva se pierde». Paloma vuelve a hablar por sí sola: «La gente frivoliza y tiene unas expectativas con estos niños que no son reales; como mi hija toca un instrumento, me preguntan que cómo no está en la OSPA». Muchos padres deciden blindarse y silencian el talento de sus hijos. Paloma también pasó por una fase de «secretismo». Ahora no le importa decir que su hija es… distinta.

 

 

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One response

4 01 2009
gemma

Es complejo. El sistema educativo no es adecuado y la desatención generalizada. Bien se dice que son los grandes olvidados.
Son negados, parecen invisibles,…quedando al margen, fuera del sistema.
Falta formación y también recursos, pero de la misma manera que se atiende a otros alumnos que lo necesitan se debería hacer con ellos.
Sobran prejuicios y mitos.

Por cierto muy interesante el blog. Si no hay inconveniente lo añado a mi blogroll.

Un saludo

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