Imsomnio infantil

26 04 2008

EDUCASALUD

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Lunes, 19 de noviembre de 2007

La Asociación Española de Pediatría asegura que entre el 25 y 30 por ciento de los niños padecen algún tipo de trastorno del sueño

El 90 por ciento del insomnio infantil se debe a hábitos incorrectos en los primeros meses de vida  

El sueño es una necesidad biológica, pero el dormir es un hábito y como tal se aprende. De la misma manera que se enseña a un niño a comer o hablar, se puede y se debe enseñar el hábito del buen dormir desde el principio. Sin embargo, ésta es una tarea que muchos padres siguen sin tener en cuenta. Así, “cerca del 90 por ciento de los casos de insomnio infantil a partir de los 6 meses de vida tienen su origen en hábitos incorrectos, en la ausencia de límites educativos o en alteraciones del apego”, explica el doctor Gonzalo Pin, director de la Unidad del Sueño del Hospital Quirón de Valencia y miembro de la Asociación Española de Pediatría.


Y es que los trastornos del sueño durante la infancia y la adolescencia resultan muy frecuentes. Los expertos estiman que “entre un 25 y un 30 por ciento de los niños padece alguna forma de trastorno del sueño”, afirma el doctor Antonio Muñoz Hoyos, pediatra del Hospital Clínico Universitario de Granada. Así, “entre el 13 y el 27 por ciento de los padres con niños entre 4 y 12 años de edad aseguran que sus hijos tienen dificultades con el sueño como resistencia a acostarse, ansiedad en el momento de ir a la cama, inicio de sueño retrasado, insistencia en dormir con los padres, ronquido, enuresis, despertares nocturnos, pesadillas, terrores del sueño, sonambulismo, despertar matinal precoz y excesiva somnolencia durante el día”, señala el experto.

Además, es importante abordar estos problemas con tiempo, ya que en la mayoría de los casos suelen estabilizarse, de manera que es incorrecta la idea de que los problemas con el sueño de los niños se solucionan solos: “Un niño con dificultades en el sueño a los 8 meses probablemente continuará mostrándolas a los 3 años de edad y aquellos con problemas a los 2 años los seguirán teniendo a los 12 años”, explica el doctor Pin.

Según una encuesta llevada a cabo por la Unidad Valenciana del Sueño en niños de la Comunidad Valenciana, “menos del 50 por ciento de los niños de entre 6 y 12 años de edad se dormían de manera autónoma, un 27 por ciento tienen problemas a la hora de irse a la cama, un 11,3 por ciento tardan demasiado tiempo en dormirse (más media hora), un 6,5 por ciento presenta despertares nocturnos, un 17 se despierta con dificultad por la mañana y otro 17 por ciento sufre fatiga relacionada con alteraciones del sueño”, afirma el doctor Pin. Los resultados de este estudio reflejan la situación que se produce en la población infantil de toda España. En general, las actividades sociales y el uso de tecnologías a últimas horas del día por los más pequeños está favoreciendo la aparición de este tipo de trastornos.

Por otra parte, de una muestra de adolescentes españoles se dedujo que el 38,5 por ciento cuenta con una mala calidad del sueño y un 23,1 por ciento afirmaba tardar más de 30 minutos en conciliar el sueño. En este sentido, un trabajo realizado con 755 adolescentes valencianos de 13 y 14 años, el 52,8 por ciento afirma asistir a clase después de haber dormido menos de 8 horas, cuando la media aceptable a esas edades es de 9 horas.

Y es que dormir bien la cantidad de horas necesarias es imprescindible para el buen desarrollo del individuo. Así por ejemplo, se ha demostrado que los adolescentes con un sueño menos inquieto y menos ronquidos, tienen un mejor rendimiento escolar. Pero las consecuencias pueden ser aún mayores. Según el doctor Gonzalo Pin, “el déficit de sueño o la mala calidad del mismo ocasiona en primer lugar cambios conductuales en los niños. De hecho, los pequeños con problemas de sueño manifiestan conductas semejantes al niño con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad: se mueven más para evitar dormirse, tienen dificultades para concentrarse, están más irritables y tiene un peor rendimiento escolar en muchos casos”.

Recientemente se ha demostrado que la cantidad y calidad del sueño durante los primeros 4 años de la vida tienen influencia en la velocidad de adquisición del lenguaje y en el rendimiento escolar a los 6 años de vida. Por su parte, los adolescentes muestran ya síntomas parecidos al adulto con somnolencia diurna y dificultades para concentrarse y memorizar. En fases más tardías también se encuentra afectado el sistema inmunitario con una menor eficiencia en la respuesta inmunológica.

Tratamiento en niños


El abordaje de los problemas del sueño debe ser multidisciplinar, con la participación imprescindible del pediatra. El insomnio requiere generalmente un abordaje cognitivo conductual y la terapia con fármacos en estos casos se utiliza en contadas ocasiones y siempre como un coadyudante y bajo estricto control pediátrico. “Deberíamos huir de las medicaciones vendidas sin receta y, por tanto, no controladas por el pediatra del niño o el experto en sueño”, destaca el experto.

El papel de los padres es también fundamental en el manejo de estas situaciones. “Debe establecer unas pautas cariñosas pero claras desde el inicio”, explica el doctor Pin. Y añade, “esto no significa, en ningún caso, ser estrictos y duros al extremo si no ejercer el papel educador como padres: enseñar al niño que existen unos límites y que toda conducta humana tiene consecuencias, positivas si la conducta es la adecuada y negativas en caso contrario”. “En definitiva, se trata de establecer un hábito saludable de sueño, un hábito saludable educativo. El niño, como el adulto, vive según duerme y duerme según vive”.
Además, existe una serie de medidas que los padres pueden utilizar para paliar los trastornos relacionados con malos hábitos de sueño. Según el doctor Muñoz Hoyos, “el dormitorio debe ser un lugar tranquilo y en oscuridad, con una temperatura adecuada, ya que el calor puede dificultar que el niño concilie el sueño. Además, el niño debe tener un momento de intervalo para despertarse y contar con un momento de irse a la cama que debe ser respetado. Por otra parte, conviene evitar la actividad física antes de irse a la cama y, en su lugar, el baño puede ser actividad estimulante. En cuanto a la cena, hay que evitar alimentos estimulantes como la cafeína o el chocolate”.

 

 

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