Los límites de sacar buenas notas

19 04 2008

Florida Universitària da a los padres claves sobre la inteligencia emocional

MAGDA R. BROX – Valencia – 11/04/2008

www.elpais.com

de static.zooomr.com/ bajo licencia creative commons La inteligencia no lo es todo. Los encargados de recursos humanos aseguran que en el mundo laboral el mayor éxito no está ligado a esa inteligencia sobre la que unos temidos test arrojan coeficientes sino al conjunto de actitudes, destrezas y habilidades que cada persona es capaz de desarrollar a lo largo de su vida, es decir, a la inteligencia emocional. “El 80% del éxito laboral depende de las actitudes y el otro 20% de nuestra inteligencia”, asegura el psicólogo Jesús Ruiz a los padres que acuden a las charlas que organiza Florida Universitària, un centro adscrito a la Universidad Politécnica de València y a la Universitat de València, para orientar a los padres sobre el futuro de sus hijos, ya universitarios.

“Un expediente brillante no implica tener éxito laboral”, dice el psicólogo

“El colegio se centra en el talento, y olvida educar el talante”

El psicólogo otorga a la suerte “una importancia mínima” puesto que se llega a ella “trabajando diariamente” más que de forma fortuita como se suele creer. Y concede a la inteligencia emocional, la forma de comportarnos y relacionarnos a través de nuestras emociones, un papel preponderante para la satisfacción laboral y personal.

“Es importante que los padres sepan que las calificaciones académicas no predicen el éxito profesional, expedientes académicos brillantes fracasan en el mundo de la empresa porque son personas poco hábiles para relacionarse”, explica Ruiz.

En la familia “es donde se cuajan los cimientos de la inteligencia emocional, especialmente durante los cinco primeros años de la vida”, de ahí que esa etapa primigenia sea esencial porque “condiciona toda la vida”. Pero el papel de la familia, según arguye, es fundamental en todo el proceso para “hacer que nuestras emociones sean inteligentes”. También en padres con una capacidad de influencia menor porque sus hijos ya han rebasado la mayoría de edad. “Nacemos con un cierto componente genético, pero las personas cambiamos y modelamos nuestra personalidad a través de nuestras experiencias y por reflexión”, aclara. En román paladino: nunca es tarde porque las personas nacemos pero nunca dejamos de hacernos.

Los padres, en palabras del psicólogo, deben enseñar a sus hijos los cincos principios básicos sobre los que se sustenta la inteligencia emocional: el autoconocimiento, el autocontrol, la automotivación, la empatía y el fomento de las habilidades sociales. Alentar al hijo a ser el número uno en la escala profesional que se proponga no es negativo porque se basa en la cultura del esfuerzo y la productividad. Eso sí, siempre que ser el mejor no se consiga a cualquier precio, como por ejemplo, acosando al compañero. Y en este sentido declara que uno de cada cuatro trabajadores abandona el trabajo por no entenderse con el jefe o con los compañeros. Así es que la educación para las emociones, algo que mejora la comunicación, es rentable para evitar estos conflictos que también cuestan dinero.

En su opinión, familias y centros docentes tienen que formar un matrimonio de conveniencia para mejorar la educación de los hijos. Una complicidad necesaria para evitar problemas emergentes como el mobbing a profesores y escolares. Dice que a menudo los padres de hoy, abrumados de cargas profesionales, delegan la función de la educación en la escuela, algo que hay que corregir. En cualquier caso, es partidario de implantar una asignatura pendiente todavía en el sistema, Educación para las emociones, o algo similar. “Más allá de los debates políticos que ha habido con Educación para la ciudadanía”, señala, “cualquier padre responsable debe apoyar una asignatura que promueve los valores, las actitudes y las emociones, es decir, el saber estar, necesarios para mejorar la existencia y evitar conflictos”.

“Normalmente, los centros educativos se han centrado en el talento y, en ocasiones, han dejado aparte la educación del talante, algo que tiene que ver con la buena educación, el respeto y las emociones, y sobre el que deben trabajar a la par familias y profesores”, reflexiona.

© Diario EL PAÍS S.L. © Prisacom S.A.

 

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