Enseñar responsabilidad a los niños pequeños

11 02 2008

De:  Educared Perú 

Imagen tomada de

Entre los 3 y 5 años los niños y niñas desarrollan un sentimiento de iniciativa, es decir, surge en ellos un sentimiento vital que hace que imaginen, planeen y quieran hacer cosas para investigar, conocer y transformar el mundo que los rodea.Cuántas veces vemos a nuestros niños desarmar el trencito o la muñeca a pilas para ver qué hay dentro; planificar un viaje a la luna y arrimar todos los muebles del comedor; perseguir una fila de hormigas y ponerles mil obstáculos para averiguar por fin dónde está su hormiguero; preguntar incansablemente el porqué de todas las cosas; pedir que le compren todos los libros, revistas y álbumes donde hay dinosaurios o tiranosaurios rex; esperar fielmente durante horas y con aparente paciencia a papá o mamá para entrar en la computadora.

Justamente lo que nos transmiten todos estos hechos es este sentimiento que experimentan nuestros niños y niñas por primera vez: iniciativa, y que si les damos la oportunidad de ejercitarlo, desarrollarlo y canalizarlo, se “instalará” en su vida y se mantendrá a lo largo de ella.
Todos hemos conocido personas sobre las que hemos dicho en algún momento “no tiene iniciativa”, “es temeroso para proponer sus ideas” y apreciaciones similares. No estaría de más preguntarnos si estas personas tuvieron la oportunidad de desarrollar y fortalecer este sentimiento desde la infancia; si cuando eran niños les cortaron la posibilidad de experimentarlo y hasta se sintieron culpables por imaginar o planear cosas.

Por ello es importante aprovechar esta etapa crucial para el desarrollo de la iniciativa en nuestros niños y niñas:

  • Démosles la oportunidad de vivir diversas experiencias enriquecedoras para su vida, en las que pueda conocer y relacionarse con diferentes situaciones y personas: ir al parque, salir de paseo o de viaje a lugares interesantes, ir al cine a ver una buena película, acompañar a papá y mamá a hacer sus compras o gestiones, ir a jugar con sus amigos o familiares, participar de las actividades que organicen en su nido, etc.
  • Conversemos mucho con ellos: qué hizo, qué vio, qué le pareció, qué opina, qué le gustó y qué no, qué se le ocurrió, qué imagina, qué quisiera hacer. Y nosotros también compartamos con ellos nuestras respuestas a estas preguntas. Eso nos acercará más a ellos y los alentará a compartir y a comunicarse más con nosotros.

Desarrollemos como padres una actitud de renovación, flexible y creativa. Que nuestra actitud hacia nuestro niño o niña y hacia la vida en general nos permita gozar de ambos.

Desechemos los parámetros rígidos donde el No, No se puede, No se debe, nos limitan frente a un mundo que cambia y que nos ofrece oportunidades diferentes a las que nosotros tuvimos cuando éramos niños. El NO constante corta su posibilidad de iniciativa; frente a una propuesta de nuestro niño veamos primero de qué se trata, conversemos con él y en base a ello acordemos si conviene o no. El NO constante le hace sentir que sus ideas o propuestas no valen y que es mejor no decirlas. El NO constante debilita su autoestima, hace que se sienta culpable de proponer cosas, que hay algo en él que anda mal y por ello no lo aceptan.

Ejercitemos el SI: Sí puedes, Sí debes. Démosles ánimo en sus iniciativas, felicitémoslos por sus proyectos y compartámoslos con ellos. Así estaremos fortaleciendo, impulsando y canalizando positivamente su iniciativa.

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