Alimentación: cuando el problema está en los padres

6 02 2008

Revista Consumer

Padres sobreprotectores

Pocas cosas hay más difíciles que educar a un hijo o a una hija. Tan difícil es que no resulta arriesgado decir que por mucho interés que pongamos en esta tarea, y por muy preparados que estemos, siempre lo hacemos menos bien de lo que sería deseable. Así las cosas no es raro que nos asalten las dudas, la angustia, y algunos sentimientos de culpa de no estar dando a nuestros pequeños todo lo que necesitan. Ternura, tiempo, atención, preparación, protección, juegos… Siempre nos queda la sensación de que algo no se lo damos en cantidad suficiente.

Muchos padres, quizás más hacen las madres, y todavía más las abuelas cuando son ellas las encargada de cuidar a los pequeños, tienen la tentación, más o menos inconsciente, de darles a los hijos un plus de alimentación para calmar su propia angustia ante la desprotección y desatención subjetiva en la que creen que están sus hijos. Sencillamente se da algo en exceso para compensar la escasez con la que supuestamente los hijos reciben protección u otras actitudes de nuestra parte. Otras veces se les “compensa” dejando que ellos elijan el menú, o concediéndoles con demasiada frecuencia el gusto por comer en lugares de comida rápida.

Si les dais más alimentos de los necesarios, o si éstos son excesivamente calóricos, antes o después os encontraréis con unos kilos de más que en los casos más graves contribuirán a que vuestro hijo o hija presente una auténtica obesidad.Si a esto se le añade la experiencia paterno-materna de haber sido atendidos por los propios padres sólo en términos materiales y no tanto en aspectos afectivos, tendremos progenitores que hiperalimentan a sus hijos como forma fundamental de expresarles su amor y su cuidado y de calmar sus sentimientos, casi siempre injustificados, de no estar haciéndolo suficientemente bien.Lamentablemente siempre es más difícil detectar esta forma de proceder en uno mismo que en los demás.

Ante esta hiperalimentación por vuestra parte, vuestros hijos pueden reaccionar de dos formas distintas:

  1. Dar satisfacción a los mayores admitiendo el exceso de comida y acostumbrándose a él.
  2. Resistirse y rechazar parte del alimento, con lo cuál os angustiaréis e insistiréis, lo cual llevará a más rechazo por parte del pequeño. El círculo vicioso está servido. En los casos más extremos os encontraréis con auténticas luchas llenas de angustia entre padres e hijos.

La opinión del pediatra sobre el estado de salud y las necesidades alimenticias del pequeño suele ser suficiente para romper estas estériles luchas. En los casos más graves puede ser además necesaria la intervención del psicólogo.

Os recomendamos que continuéis leyendo otros aspectos del tema en:

http://obesidadinfantil.consumer.es/web/es/dificultades/2.php

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