Discapacidad

20 01 2008

La Nueva España.  4-3-2007 

Qué hacer. 

Hay programas de cambios de actitudes. Y campañas de imagen muy interesantes. Las de la ONCE llegaron a todos. Tienen que vender lo positivo, como bien saben las agencias de publicidad. La lástima no integra. Un estudio francés subrayaba que la mejor imagen es la de una persona con discapacidad que hace la declaración de Hacienda… más que el que pide que le paguen todo.¿Cómo se actúa cuando no se quieren tener prejuicios hacia una persona con discapacidad?Recibirla como a los demás, con los mismo interrogantes que a cualquier otra persona que no sabemos por dónde nos saldrá.

No siempre es fácil. Ni siquiera todos los padres que tienen hijos con discapacidad actúan de igual forma. Los hay fundamentales y los hay que no colaboran tanto. El papel de la familia es sumamente importante. La atención descansa sobre el sistema familiar y eso se nota cada vez más cuando la discapacidad aparece con la edad.

 
Capacitarse para tratar a un discapacitado
Las personas con discapacidad viven más años, y las personas, con los años, pueden llegar a la discapacidad. Hace tres décadas una persona en silla de ruedas por la calle a diario tenía muchas posibilidades de vender lotería. Hoy, jóvenes que sufrieron una lesión medular sortean, con el «stick» de su silla de ruedas, el gentío a la puerta de los grandes almacenes y muchos ancianos salen a tomar el sol al parque o a la plaza conducidos por un familiar o un empleado. La discapacidad ha ganado presencia social en la calle, en el trabajo y en la escuela, y no siempre sabemos cómo tratarla. Sólo hay una forma correcta: con normalidad, como tratamos a los demás, como nos gusta que nos traten.
Oviedo, Javier CUERVO
La discapacidad es una limitación funcional para una determinada actividad que tiene una determinada persona en un determinado contexto.No está tan lejos de lo corriente. Durante décadas, muchos miopes con cuatro dioptrías en el ojo menos enfermo fueron declarados no aptos para servir en el Ejército español. Sólo era una de las discapacidades para «librar» de la «mili» (expresión con la que la mayoría de los mozos se referían a estar exento de cumplir con el servicio militar obligatorio).

¿Cuál es la peor discapacidad?

«La que uno tiene», responde Antonio León Aguado, profesor de Evaluación Psicológica y de Psicología de la Discapacidad de la Universidad de Oviedo, 40 años de especialidad en discapacidades. «Las que afectan a la movilidad son graves, pero las que conllevan el deterioro cognitivo, cuando pierdes la inteligencia, son las peores». Las discapacidades se dividen en intelectual, visual, auditiva y física o motórica.
Aguado comprende que, a veces, no sepamos cómo comportarnos ante una persona con una discapacidad: «Es lógico. Es un campo de especialización. Se requieren un conocimiento y una cierta sensibilidad». Pero no hace falta ponerse a estudiar. Ayuda entender qué nos pasa por dentro cuando nos sentimos torpes en esa situación. Limpiar la cabeza de prejuicios y miedos es útil.

Lo primero es que se suscitan nuestros propios miedos. A meter la pata. Nos avergüenza decirle a un ciego «¿no ves lo que te digo?» o despedirle con un «nos vemos». Los ciegos usan esas expresiones.

Lo segundo que nos pasa es que nos ponemos vicariamente en esa situación. ¿Y si me pasara a mí?

Es importante saber que la discapacidad no está reñida con la felicidad. Si usted piensa que no sería feliz de ninguna manera no esté tan seguro. Al ponernos en ese lugar pensamos que la discapacidad es todo limitación y sólo limitación.


Antes de continuar leyendo, apunte en una hoja en blanco nueve o diez cosas que le gusta hacer y que le producen placer y satisfacción. Casi todas se pueden hacer en silla de ruedas o con cualquier otra discapacidad física. Sí, el sexo también aunque no sea cómodo y exija pericia. Se puede hacer pasando de la silla a la cama u otro sitio. Se puede comer, beber, leer, oír música, ver películas, charlar con los amigos…
Aunque quede mucho por hacer, todo es mejor que hace 50 años. No todo el mundo rechaza, pero las actitudes propias de la sociedad de consumo son predominantemente negativas: el «cuerpo Danone» se lleva hasta consecuencias innecesarias. Un empleador prefiere una persona con vocabulario que un sordo, aunque para el puesto de trabajo no se requiera facilidad de palabra. También hay muchos trabajos que no precisan niveles altos de movilidad, pero para que se emplee más a personas con problemas para moverse tuvieron que ponerse en marcha programas de apoyo al empleo directo.
El rechazo tiene más que ver con los prejuicios que con la discapacidad. ¿Cómo funciona el prejuicio? Por un principio de generalización de una conducta, real o supuesta.

Aguado recuerda un caso de los años ochenta del pasado siglo. «Era un chaval de 20 años que trabajaba descargando camiones. En las duchas, un compañero le descubrió un problema en la articulación del brazo, se lo dijo al jefe y éste le echó. ¿Porque no podía descargar camiones? No, llevaba dos meses haciéndolo y, como novato, con más ahínco que los veteranos. Lo echó por el prejuicio, porque pensaba que, como era minusválido -como se decía entonces- le iba a traer problemas. El prejuicio pesa más que el propio rendimiento de la persona.

Los prejuicios son complejos y detrás está el desconocimiento. Si no hay trato se ignoran muchas cosas que acercan. El que no habla con un niño con discapacidad intelectual se sorprende de que le guste el fútbol o que meriende un bollicao. 

También influye el momento social. Hitler empezó su política de exterminio con personas que sufrían discapacidades: enfermos mentales, epilépticos, discapacitados intelectuales, malformaciones físicas visibles. Así acabó con 100.000 alemanes. La eugenesia dominó la primera mitad del siglo XX y no sólo en Alemania. Todas las sociedades discriminan al grupo diferente. Unas dejan hacer cualquier cosa a los locos porque los suponen intermediarios con los dioses, otras los queman en la hoguera. Los enanos eran muy apreciados en la corte española en el Siglo de Oro, basta ver los cuadros de Velázquez, pero siglos después hacían reír con «El bombero torero». Todas las sociedades tienen su estándar de calidad, y quién no encaja en él.

Y qué no

Ni compasión, ni paternalismo, ni ignorancia de lo que tiene ni desprecio. Hay cosas fáciles de evitar:
Ah, tiene síndrome de Down… ay, riquín.
Los ciegos se defienden muy bien en circunstancias normales. Si parece que necesitan ayuda hay que ofrecérsela pidiendo permiso y hacerlo yendo nosotros delante, no llevándolos a ellos.


No hay que gritar a los sordos, salvo que le pidan que hable más alto. Si son sordos completos, no le oirán y le verán desgañitándose. Si conservan restos auditivos tendrán audífono. El sordo que sabe leer los labios tiene dificultades para «oír» con poca luz porque no ve. «No me grites que no te veo» no siempre es un disparate.

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