Consumidor/a

5 01 2008

“El consumidor, con su fuerza, puede mejorar el mundo en que vive”
Adela Cortina, experta en Ética. REVISTA CONSUMER

Catedrática de Ética y Filosofía Política en la Universidad de Valencia, invitada como profesora en diferentes universidades de Alemania y Estados Unidos, Adela Cortina ha publicado, entre otros trabajos Razón comunicativa y responsabilidad solidaria, Crítica y utopía, La escuela de Frankfurt, y La ética de la sociedad civil, aunque ella prefiere destacar Ética Mínima y su obra más reciente, Ética de Consumo.


Charlamos con la autora poco después de que presentara su último libro en Valencia, su ciudad natal y a la que se siente muy unida. Se muestra satisfecha de este encuentro promocional al verlo convertido en un foro de debate, “donde hemos podido discutir sobre nuestras conciencias y aportar nuestra ética para mejorar las cosas”.
A pesar de que cuestiona la sociedad de consumo en que vivimos, su conversación trasmite optimismo. Miembro de la Comisión Nacional de la Reproducción Humana, en absoluto se opone al desarrollo de la ciencia pero advierte de la necesidad de ordenarlo con criterios de rectitud y compromiso. Muestra un gran interés por el ser humano y por todo lo que le rodea, y deposita en él su esperanza. Nos define, a todos, como consumidores porque “vivimos, sin duda, en una sociedad de consumo”, y le gustaría convencernos de que el consumidor tiene “el poder suficiente para cambiar el mundo”.

Ética y sociedad de consumo parecen términos muy distantes, pero en sus planteamientos los vemos unidos e incluso reconciliados
En cualquier sociedad tiene que estar presente la ética. Los seres humanos, como decía el profesor Aranguren, no pueden vivir más allá del bien y del mal, y de ellos deriva el grado de moralidad que rige en una sociedad en una etapa determinada. En estos momentos, la nuestra es una sociedad de consumo, y en la raíz de ese consumo se reflejan las motivaciones más o menos morales, lo que indudablemente nos convierte en seres más o menos libres. Si las personas consumimos de una manera moderada, sensata y justa, la sociedad funcionará en esa misma dirección.
La actuación de las asociaciones de consumidores, las instituciones públicas y otras organizaciones sociales influye en los modos en que todos llevamos a cabo el consumo, pero la facultad última es del propio consumidor porque en sus manos está marcar el ritmo y las leyes del mercado. Su poder es tan grande que le permite, en cierto modo, cambiar el mundo. Y tiene que ser consciente de ese papel activo, asumiéndolo y ejercitándolo en su vida cotidiana.

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