Los Reyes Magos son buenos para la salud mental de los niños

4 01 2008

La creencia en esta figura fomenta la creatividad de los más pequeños

Bilbao, 5 enero 2007 (azprensa.com)

flickrCC

Melchor, Gaspar y Baltasar existen. “Al menos han de hacerlo en la mente de los más pequeños para el fomento de su creatividad” tal y como concluye Florencio Moneo, psicoanalista de Avances Médicos, quien entiende que “desde un punto de vista antropológico, las fantasías y las mitologías son necesarias para la perpetuación de la cultura de cada pueblo. Con el paso del tiempo disminuyen los hechos mitológicos que perviven y con ellos van desapareciendo el desarrollo de la fantasía, algo importante en la formación de la persona”.

A juicio del experto “una figura como ésta contribuye al aprendizaje de los más pequeños a la hora de discernir el bien del mal. Es un error descubrirle a un niño de tres años que no existen los Tres Reyes Magos, que son un cuento. Antaño, los vínculos familiares se reforzaban alrededor del fuego, cuando los más mayores transmitían la cultura de la civilización a base de historias que tenían algo de leyenda. Hoy en día Google sabe más que cualquier abuelo y todo este papel se pone en entredicho, lo que no es bueno”.

La figura de los Tres Reyes Magos “es importante para que los más pequeños aprendan determinadas reglas sociales que imperan en Occidente y para potenciar la creatividad de su imaginación, una faceta trascendental en estos periodos de formación mental. El hecho de romper el encanto de una manera brusca y muchas veces temprana puede ser vivido como un hecho traumático por un niño que todavía está en fase de formación y comparte estas creencias con otros niños que incluso pueden discriminarle”.

¿Quiere esto decir que ha de vivirse en un continuo encantamiento? La respuesta de Florencio Moneo es “no. El niño tiene que enterarse en algún momento de su formación de la realidad porque eso también le ayudará a formarse como ser humano. Tiene que aprender que hay ilusiones pero que éstas no corresponden al plano del día a día”.

Se plantea entonces una cuestión “trascendental” para muchos padres: Cuándo decirlo. A juicio del psicoanalista de Avances Médicos “una edad aproximada puede ser la que oscila entre los ocho y los nueve años, cuando el niño ya tiene conformado un espíritu crítico”.

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