Sugerencias para padres sobre los niños pequeños y los libros

3 12 2007

por Luisa Mora 

 Todos sabemos lo divertidos y estimulantes que pueden ser los libros infantiles. Y también sabemos que, si entre las actitudes definidas de los padres se halla una valoración positiva de la lectura, los hijos tienden a leer con mayor facilidad. Si, por el contrario, quienes deberían poner la literatura en manos del niño no lo hacen, se corre el peligro de que los aprendices de lectores asocien el libro con lo impuesto y decidan rechazarlo sin llegar a apreciarlo como un pasatiempo relevante.  

  La famosa autora de Pippa Mediaslargas —conocida en el medio televisivo por Pipi Calzaslargas–, Astrid Lindgren, señalaba hace años en Mi mundo perdido (Juventud): “Todos los padres saben que sus hijos necesitan libros. ¿O quizá todavía no? Si aún hay quien ignore algo tan importante, decídmelo, queridos amigos. No sé qué deseáis para vuestro hijo ni que esperáis de él, pero tengo la certeza de que se enfrentará mejor con todas las vicisitudes de la vida si es aficionado a la lectura. (…) Tendréis que indicarle el camino de aquellos libros que despiertan su afición a la lectura porque son divertidos y emocionantes. Juntos tenéis que leer libros, y tanto da que sean alegres o tristes porque éstos son el mejor eslabón que existe para establecer la comunicación. Pero habéis de hacerlo enseguida antes de que sea, sencillamente, demasiado tarde para encontrar el camino de la más extraordinaria de todas las aventuras”.Pues bien, una vez aceptado quiénes tienen la responsabilidad de acompañar a los niños en el camino para convertirse en lectores activos, falta concretar cómo hacerlo. Daniel Pennac señala en su libro Como una novela (Anagrama) (Nota de Imaginaria: El libro también se encuentra publicado por Grupo Editorial Norma, de Colombia) que los adultos han convertido la alquimia de la lectura en una obligación para los chicos y hay que cambiar esta perspectiva de exigencias para recuperar el placer que entraña. Numerosas investigaciones de ámbito internacional han demostrado que los padres desempeñan un inestimable papel en la cimentación del aprendizaje de la lectura y en todo el desarrollo lector posterior. Hasta el punto, incluso, de que muchos de los auténticos lectores se forjan en hogares donde hay libros, donde es costumbre sacarlos prestados de una biblioteca, donde uno apaga de vez en cuando el televisor y se deja seducir por el contenido de cada volumen, descubriendo las posibilidades que le ofrece el texto como fuente primordial de disfrute, aventura y saber. Quizás merezca la pena invertir algo de tiempo en hablar sobre libros y hacerles un hueco entre los objetos relacionados con las rutinas cotidianas, como el cepillo de dientes.De hecho, cada vez hay más padres jóvenes, interesados en la educación de sus hijos y en su formación lectora, que demandan orientación sobre libros recomendables. Para ellos no es lo mismo adquirir un libro que un paquete de cereales o un par de zapatos en el hipermercado; porque está claro que no es sólo un objeto banal de consumo sino también un bien cultural y no podemos dejarnos tentar por el precio más económico, por la “oferta” del 2 x 1 o porque nos regalen un peluche (sin olvidar que hay saldos y liquidaciones de libros nada despreciables). Si nos importa que nuestros hijos sean lectores críticos y selectivos en el futuro hemos de prestar atención a los buenos libros, aunque algunas veces no sean los más baratos (un ejemplar que vale la pena, aunque cueste más dinero, puede influir en el valor real que el niño conceda a los libros; al fin y al cabo “solamente un necio confunde valor y precio”), ni los más fáciles de encontrar, ya que en las grandes superficies son más habituales las obras que siguen la estela de Walt Disney, que no es siempre lo mejor, en lugar de productos más cuidados que realizan algunas editoriales pequeñas con menor capacidad de distribución.Claro que encontrar los libros adecuados para ellos entre una producción anual que ronda la cifra de 5.000 títulos es casi como hallar una aguja en un pajar. Y es lógico que nos quedemos desconcertados ante la falta de información en un sector saturado de colecciones, donde no es fácil distinguir unas de otras. Pero no hay que desanimarse porque siempre hay profesionales, como los libreros o los bibliotecarios, que pueden guiarnos y recomendar un libro en función de nuestros gustos o necesidades. En cualquier caso, es aconsejable leer la contraportada y hojear varios títulos con tranquilidad en las librerías especializadas en literatura infantil y juvenil, antes de optar por alguno. Por otra parte, no se ha de olvidar que este es un mercado dinámico en el que se imponen las novedades frente a la reedición de títulos que fueron un hito en su momento y, a veces, un adulto que ha leído buena literatura infantil cuando era más joven, solicita en las librerías aquello que le gustó y descubre que está descatalogado; aún queda la posibilidad de localizarlo en una biblioteca pública donde además se pueden obtener otras valiosas informaciones: sobre cómo contar cuentos, qué libros han sido premiados recientemente, cuáles tratan sobre un tema determinado, etc.A continuación proponemos unas pautas sencillas, seguidas de títulos concretos para nuestros hijos. Si preparamos un menú con cuentos populares, libros de contar números y formas, alguno de animales y otros con su personaje favorito, poesías tradicionales y buenos álbumes ilustrados (libros donde la ilustración desempeña una función narrativa tan destacada como el texto), seguramente lograremos que les encante leer. Y leer será uno de sus entretenimientos favoritos.

Los libros adecuados antes de empezar a leer

El niño atraviesa distintas etapas en las que su psicología, sus necesidades afectivas y culturales, así como sus intereses cambian. Por eso es necesario acompañarles en los primeros pasos y descubrir los libros apropiados, sin forzarles; si están bien hechos y les gustan, querrán más como ese: troquelados, desplegables, de plástico, grandes, pequeños, en forma de casita, etc. Y, por supuesto, trataremos de no preocuparnos demasiado si un libro se rompe accidentalmente o sufre algún otro desgaste porque, aunque se tenga cuidado, la curiosidad y el entusiasmo con que tratan a estos compañeros de juegos no siempre garantiza una perfecta conservación.El hecho de manipular los libros les permite distinguir la portada como parte delantera, que las letras se leen avanzando de izquierda a derecha, que esos signos negros forman palabras y que hay que pasar las páginas para seguir una historia; todos ellos son conceptos significativos sobre lo impreso que se aprenden de manera natural como casi todos los aprendizajes de la edad temprana. Además los prelectores tienen un interés real por decodificar palabras de los libros y de los carteles de la calle o de los envases de los más diversos objetos, así que podemos estimular y reforzar su interés preguntándoles por las letras que conocen y dándoles la información que nos pidan. ¡Pero sin presionarles para leer porque cada uno tiene un ritmo de maduración personal! Es lícito aprovechar su interés para suscitar la lectura conjunta de las frases pictográficas en las que se intercalan pequeños dibujos que podrán reconocer e interpretar fácilmente, dando al hecho de leer su verdadero sentido de extracción de significados, como en El poni, el oso y el manzano, de Sigrid Heuck (Juventud) o en la atractiva colección “Pictogramas en cuentos” (SM).

 ¿Cuándo tienen que empezar los niños a oír historias? Desde el primer año, afirma el escritor Paul Auster en La invención de la soledad (Edhasa): “la necesidad de relatos de un niño es tan fundamental como su necesidad de comida y se manifiesta del mismo modo que el hambre“. Pero no sirve cualquier relato; deben ser los mejores y ofrecerles distintos puntos de vista que les ayuden a interrogarse sobre la vida, a reír y asombrarse. Ya que la oferta es tan amplia, conviene que los padres sean exigentes a la hora de adquirir nuevos títulos, prestando atención a los libros que aportan algo diferente pero sin perder de vista el gusto individual de cada uno. A veces son útiles las antologías como Mil años de cuentos (Edelvives), con textos ya seleccionados y orientados.

A. Libros para bebés de 0-18 mesesNunca es demasiado pronto para que los padres y las madres compartamos con nuestros hijos un rato de lectura: la vida diaria, con sus pequeños e importantes rituales de la comida, el baño y el juego ofrecen situaciones ideales para manejar estos objetos que contienen historias. Sin duda, la voz cálida y afectiva de un adulto significativo para el bebé es importante porque la aventura de oír le aproxima a la de leer y siempre asociará el recuerdo de su familia a los momentos de la vida que le han hecho disfrutar. La hora de dormir resulta propicia para este encuentro, pero ¿qué les gustará a los recién nacidos?

·         Ilustraciones llenas de colorido y estimulantes, que desempeñen un papel fundamental y permitan la interacción entre el niño y el adulto.

 ·         Historias con un texto mínimo que el niño siga sin perder un ápice de interés.

·         Las fotografías de objetos familiares que les permiten establecer la conexión entre lo impreso y el mundo real.

 ·         Físicamente deben ser de cartón resistente y seguro, con los bordes redondeados, y pueden estar hechos también de plástico, de madera o de tela, incluso de diferentes tejidos para que los diferencie.

·         De tamaño manejable, para que los sostengan solos y pasen las páginas hacia delante o hacia atrás.A estas edades la primera relación con el libro es objetal, de exploración, de ahí que la frontera entre juguete y libro sea bastante movediza: los libros para el baño del elefante de colores Elmer (Fondo de Cultura Económica), muy atractivos visualmente, son ideales para jugar en el agua. Pero además hay otros muchos animales divertidos (Susaeta) a los que les gusta bañarse ahora boca arriba, luego boca abajo. Y libros en los que pueden explorar metiendo los dedos, tirar de una pestaña o pulsar un botón que emite un sonido (Edaf tiene colecciones de “Libros mano” y “Libros pie”, aunque los textos traducidos sin cuidado carecen de interés). Nuestros hijos también disfrutan reconociendo la imagen de otros bebés, como los dibujados por Helen Oxenbury, en las mismas actividades que ellos realizan: se visten, juegan o ayudan (Colección “Libros del Chiquitín”, de Juventud). E, incluso, si tenemos diversidad de cuentos ilustrados en casa, elegirán lo que les atrae y explorarán el entorno circundante agarrándose a libros duros que resisten los pisotones, los mordiscos o la caída libre, con un argumento mínimo y con grandes ilustraciones sobre el entorno.

B. Libros para niños de 18 meses a 3 añosUna vez que los pequeños han comenzado a hacer sus primeros juicios (hacia los 20 meses) y se inicia la etapa del lenguaje constituido (después de los dos años) en la que se expresan cada vez con mayor corrección, les ofreceremos historias cotidianas que son capaces de interpretar a su manera. En seguida identificarán sus favoritas y pedirán que se las contemos una y otra vez, por lo que conviene que también les gusten a los padres que pronto se las sabrán de memoria. Es interesante que las palabras y los acontecimientos se repitan para que puedan recordarlos. También los personajes protagonistas de sus aventuras (el elefante Babar, la ratita Maysi u Osito), quienes servirán de pretexto para presentar los colores, los números u otros conocimientos básicos a estos constantes descubridores (como hace Elmer en la colección “Mi primera Sopa de Libros”, de Anaya). De nuevo recogemos unos criterios de los aspectos que se han de considerar:

·         Ilustraciones sugerentes y fotografías para mirar y hablar de ellas con tu hijo.

·         Poesías, canciones y juegos acumulativos para repetir con un libro delante.

 ·         Existen historias para ocasiones especiales, como el cambio de pañales, el nacimiento de un hermanito o una fiesta de cumpleaños, con bastante acción, lenguaje claro y simple, ritmo y buena proporción entre texto e imagen.

·         Las imágenes de objetos cotidianos con un texto repetitivo permiten presentar el alfabeto y sentar las bases para el desarrollo de las habilidades de la lectura.

 ·         Variedad de formatos, tamaños y propuestas gráficas que aumenten su interés por descubrir el mundo de los libros, que se alargan de 16 a 20 ó 24 páginas.Motivar, guiar y afianzar los hábitos lectores en los niños desde antes de asistir a la escuela, exige prestar atención a sus experiencias y a las cuestiones que les interesan. La oruguita glotona (Elfos) es un clásico de Eric Carle lleno de colorido y emoción, al que se podrían sumar cuentos como El globo azul (Molino), de Mick Inkpen, y otros textos en clave de humor que mantendrán además bien entretenidos a los padres. Las ilustraciones simples de gran fuerza expresiva de Lucy Cousins, en El arca de Noé (Serres), reflejan una hermosa historia bíblica. Y por supuesto todos los libros de adivinar qué objeto se esconde, como ¿Qué animal es?, de Pablo Barrena (Los duros del Barco de Vapor) o ¿De quién es este rabo?, de Barberis (Susaeta). Tendremos que contar historias que hablan de sentimientos (dudas, timidez, necesidad de cariño, celos, búsqueda de identidad) hasta quedar exhaustos, como: ¿Quién ha robado mi trono?, de Gabriela Keselman (Chiquicuentos, de Bruño), y Adivina cuánto te quiero, Pequeño Cowboy, o ¿No duermes osito? (en Kókinos las tres últimas y tres super éxitos).No debemos esperar a que sepan leer; si logramos interesarles por engullir imágenes, éstas los atraerán hacia la lectura, porque establecen los primeros significados y son una puerta abierta a la imaginación. Dos buenas muestras son Monky, de Dieter Schubert (Lumen) y El muñeco de nieve, de Raymond Briggs, (Altea) narrados en viñetas sin texto pero con una acertada función comunicativa.Para reconocer objetos son adecuados algunos libros informativos sencillos de tapas duras sobre camiones, animales, plantas, herramientas, juguetes, alimentos, conceptos y transformaciones, como las de los libros de Iela Mari (El erizo del mar, de Anaya, o La bola roja, de Lumen) y, sobre todo, los libros de la colección “Miremos” (La Galera) compuestos por láminas sencillas del campo o la ciudad en las que el niño puede señalar y nombrar numerosos elementos que ampliarán su repertorio léxico. Después, en el siguiente estadio, les resultará apasionante averiguar qué hay detrás de los acetatos de la colección “Mundo maravilloso” (SM).

C. Libros para niños de 3 a 5 añosEl poder de los libros se consolida si los niños asisten a una guardería o a la Escuela Infantil donde suele realizarse la Hora del Cuento o alguna actividad para compartir la experiencia de la lectura. A esta edad ya están preparados para interpretar un proceso narrativo más complejo; por eso conviene elegir historias que les diviertan expresadas con sencillez, sin olvidar que lo sencillo no tiene por qué ser trivial ni pobre. Debe hablarse con los niños de casi todo, aunque es muy importante la forma en que uno se exprese, para que ellos escuchen sin perder la atención:

·         Dedica un rato diario a la lectura compartida, especialmente antes de dormir.

·         Muestra antologías y libros de poesías y recita con tu hijo para que memorice distintas composiciones.

 ·         Escoge, sobre todo, libros con sentido del humor. ·         Anima a tu hijo a seguir las palabras con el dedo mientras le lees en voz baja.

·         Deja que elija los libros que más le gustan y pregúntale por qué, así le ayudas a desarrollar su habilidad como narrador y sus propios criterios de selección.Entre los libros más divertidos destacan los de Tony Ross, como Quiero un gato, y los de Babette Cole, como El príncipe listillo (todos en Destino). Y, por supuesto, los de temas escatológicos, con el placer añadido de leer sobre algo prohibido como las cacas, en Cuánto cuenta un elefante, de Helme Heine (Altea) o El topo que quería saber quién se había hecho aquéllo en su cabeza, de Werner Holzwarth (Altea) (Nota de Imaginaria: Actualmente agotado, el Centro Editor de América Latina, había publicado este libro con el título Del Topito Birolo y de todo lo que pudo haberle caído en la cabeza). También les interesan los libros de argumentos sencillos protagonizados por animales con el mismo comportamiento que un niño, como Osito (Alfaguara), ilustrado por Maurice Sendak, o Carlos el tímido, de Rosemary Wells (Austral Infantil), y La familia ratón se va a dormir, de Kazuo Iwamura (Corimbo). Son personajes que se comportan como espejos del lector, quien percibe sentimientos y miedos igual que los suyos y, en este sentido valga otro ejemplo, Un chico valiente como yo, de Hans Wilhelm, (Juventud), uno de los muchos títulos para vencer lo que nos asusta (ya sean monstruos, pesadillas o la oscuridad nocturna).El sentido de algunos relatosRespecto a los miedos no quisiera obviar un tema que preocupa a los padres cuando relatan cuentos populares: qué hacer con los episodios de aparente dureza, como aquél en que la abuelita y la propia Caperucita son devoradas por un lobo. Sin embargo, Bruno Bettelheim, un prestigioso defensor del cuento, escribió en el Psicoanálisis de los cuentos de hadas (Grijalbo): “Es posible que una historia en concreto provoque cierta ansiedad en algunos niños, pero una vez que están familiarizados con determinados cuentos maravillosos, los aspectos terroríficos parecen desaparecer para dar paso a aspectos reconfortantes. El malestar que provoca la ansiedad se convierte entonces en el gran placer de lo que uno enfrenta y domina con éxito“. Si negamos al niño la imagen del lobo o la bruja, le privamos del sentido que tiene la victoria final.Otro paladín de los cuentos, Marc Soriano, introdujo la noción de “vacuna”. Según él, para desbloquear las imágenes traumáticas que bajo la forma de ficciones literarias expresan los temores, obsesiones y angustias del niño, es preciso que se habitúe con los cuentos y poco a poco se inmunice. Así, la bruja que materializa el miedo de ser comido es arrojada al fuego por Gretel, en La casita de chocolate.A veces el miedo puede ser originado por la forma de narrar, el tono de la voz, la ambientación… Pero puesto que los niños se reconocen en sus deseos y miedos y se identifican con el héroe y la esperanza en la vida de los cuentos, éstos les muestran algunos problemas y sufrimientos mediante el mundo simbólico. La cuestión es saber con qué ritmo ha de hacerse este descubrimiento, atendiendo a la edad y a la evolución personal de cada niño. El distanciamiento de lo narrado permite resolver mejor los conflictos y percibir aspectos como la muerte, la envidia, los celos, etc. que cumplen una función iniciática desde la fantasía en lugar de hacerlo de forma realista.Entre las colecciones recomendables destacan “Popular” (La Galera) por su diseño innovador y “Cuéntame un cuento” (SM) por la actualización de tópicos que han adoptado los ilustradores al abordar relatos de siempre como Cenicienta o Los tres cerditos, de Rocío Martínez y Teresa Novoa respectivamente.Por último, y a modo de conclusión, insistiremos en que el protagonismo de los padres, dando soporte a la alfabetización escolar, será imprescindible para el éxito lector de los hijos. Hasta aquí se ha hecho mucho, aunque conviene advertir que lo más importante está aún por hacer: hay que seguir acompañando a nuestros hijos a bibliotecas y librerías, porque la implicación que supone el préstamo o la adquisición de libros permite conocer y aprender más de literatura infantil, mientras les ayudamos a ir formando su propia colección con ingresos constantes. Y como se ha reiterado en estas páginas, hay que contarles cuentos o leerlos con ellos para crear y mantener hábitos de lectura para toda la vida, sirviéndoles de modelo lector dedicando un tiempo diario a comentar también nuestros libros.


Una bibliografía para primeros lectores Por colecciones de cada editorial:

·         Anaya: “Mi primera sopa de libros” y “Fácil de leer”.

 ·         Beascoa: “¿Adivina quién?” y “Libros baño”.

·         Bruño: “Chiquicuentos”.

·         Edaf: “Descubre quién es”; “Libro acordeón” y “Libro mano”.

·         Edebé: “Tren Azul”.

·         Edelvives: “Requetesol”.

·         Elfos: “Libro sorpresa”.

·         Everest: “Montaña Encantada”

.·         Fisher Price: “Juguemos todos juntos”.

·         Juventud: “Los Libros del chiquitín”.

·         La Galera: “Popular”; “Animales en casa” y “Miremos”.

·         Gaviota: “Las cuatro estaciones” y “Los libros del osito”.

·         Serres: “Libros de Maysi”

.·         SM: “Los duros del Barco de Vapor”; “Pictogramas en cuentos” y “Cuéntame un cuento”.

·         Susaeta-Todolibro: “Amigos en el baño”; “Animales en el agua” y “Duende”.

·         Timun Mas: “Teo descubre el mundo”; “Los libros de la princesita” y “La nube de algodón”.

 Por autores:

·         Alexander, Martha. Buenas noches, Lola. México, Fondo de Cultura Económica, 1993.

·         Ballesteros, Xosé y Óscar Villán. El pequeño conejo blanco. Pontevedra, Kalandraka, 1999.

·         Barberis. ¿De quién es este rabo? Madrid, Susaeta, 1991.

·         Beer, Hans. ¿Adónde vas osito polar? Barcelona, Lumen, 1988.

·         Beer, Hans. El oso valiente y el conejo miedoso. Madrid, SM, 1992

.·         Briggs, Raymond. El muñeco de nieve. Madrid, Altea, 1988.

·         Browne, Anthony. Un cuento de Oso. México, Fondo de Cultura Económica, 1994.

·         Brunhoff, Jean de. Historia de Babar. Madrid, Alfaguara, 1995. (Editado también por Editorial Debate, de Barcelona)

·         Carle, Eric. La oruguita glotona. Barcelona, Elfos, 1995.

·         Cole, Babette. El príncipe listillo. Barcelona, Destino, 1994.

·         Cousins, Lucy. ¿Dónde se esconde Maysi?. Barcelona, Serres, 1999.

·         dePaola, Tomie de. La clase de dibujo. León, Everest, 1993.

·         dePaola, Tomie de. Oliver Button es un nena. Madrid, Susaeta, 1991

.·         Heine, Helme. El maravilloso viaje a través de la noche. Salamanca, Lóguez, 1990.

·         Heine, Helme. Cuánto cuenta un elefante. Madrid, Altea, 1982.

·         Henkes, Kevin. Julius el rey de la casa. León, Everest, 1993.

·         Heuck, Sigrid. El poni, el oso y el manzano. Barcelona, Juventud, 1981.

·         Inkpen, Mick. El globo azul, Barcelona, Molino, 1989.

·         Keselman, Gabriela. El regalo. Ilustraciones de Pep Monserrat. Barcelona, La Galera, 1996.

·         Lionni, Leo. El sueño de Matías. Barcelona, Lumen, 1992.

·         McBratney, Sam y Jeram, Anita.Adivina cuánto te quiero. Madrid, Kókinos, 1995.

·         McKee, David. Elmer. Madrid, Altea, 1990 (Edición del Fondo de Cultura Económica: Libro para el baño).

·         Minarik, Else H. Osito. Madrid, Alfaguara, 1997.

·         Ross, Tony. Quiero un gato. Barcelona, Destino, 1991.

·         Schubert, Dieter. Monky. Barcelona, Lumen, 1988.

·         Sendak, Maurice. Donde viven los monstruos. Madrid, Alfaguara, 1986.

·         Ungerer, Tomi. Los tres bandidos. Madrid, Susaeta, 1990.

·         Velthuijs, Max. El cocodrilo pintor. Madrid, SM, 1992.

·         Velthuijs, Max. La rana y el extraño. Barcelona, Timun Mas, 1994 (Nota de Imaginaria: El mismo libro está publicado por Ediciones Ekaré —Caracas, Venezuela— con el título Sapo y el forastero).

·         Wadell, M. y Firth, B. ¿No duermes osito? Madrid, Kókinos, 1994.

·         Wells, Rosemary. Carlos el tímido. Madrid, Espasa Calpe, 1990.

·         Wilhelm, Hans. Yo siempre te querré. Barcelona, Juventud, 1989.

·         Wilhelm, Hans. Un chico valiente como yo. Barcelona, Juventud, 1989.


Luisa Mora es Licenciada en Filología Hispánica. Ha ejercido su actividad docente con maestros y bibliotecarios sobre Literatura Infantil y Juvenil en España y América Latina (Ecuador y Colombia). Fue becada por la Biblioteca Internacional de la Juventud de Munich (Alemania) para realizar estudios sobre el género. Ha sido jurado de premios literarios y realizado numerosos trabajos de investigación y promoción de lectura. Publicó artículos científicos y de divulgación en revistas españolas (CLIJ, Alacena, El Urogallo, Leer, Educación y Biblioteca, entre otras) y de otros países. Posee amplia experiencia profesional como editora con Susaeta, Edelvives, Oxford University Press España, el grupo Santillana y ESC, especializándose en el desarrollo de proyectos editoriales educativos. En la actualidad se halla interesada por ampliar y completar su formación en el ámbito bibliotecario, tras haber desempeñado diversas colaboraciones.


http://www.imaginaria.com.ar/02/4/mora.htm

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3 12 2007
gregg

esbloquear las imágenes traumáticas que bajo la forma de ficciones literarias expresan los temores, obsesiones y angustias del niño, es preciso que se habitúe con los cuentos y poco a poco se inmunice. Así, la bruja que materializa el miedo de ser comido es arrojada al fuego por Gretel, en La casita de chocolate.A veces el miedo puede ser originado por la forma de narrar, el tono de la voz, la ambientación… Pero puesto que los niños se reconocen en sus deseos y miedos y se identifican con el héroe y la esperanza en la vida de los cuentos, éstos les muestran algunos problemas y sufrimientos mediante el mundo simbólico. La cuestión es saber con qué ritmo ha de hacerse este descubrimiento, atendiendo a la edad y a la evolución personal de cada niño. El distanciamiento de lo narrado permite resolver mejor los conflictos y percibir aspectos como la muerte, la envidia, los celos, etc. que cumplen una función iniciática desde la

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