¿Es el botellón un problema de salud pública?

22 11 2007

ENTREVISTA A ROBERTO SECADES  // fecha de publicación

Días atrás se celebraba el III Congreso Luso-Galaico sobre Avances en Drogodependencias, en el que se abordó, entre otras cuestiones, el tema del consumo de alcohol por parte de los jóvenes españoles. Tal y como apuntó Jesús Cancelo, Director de la Unidad de Ayuda a las Dependencias (UAD) Alborada de Vigo, si bien es “exagerado” hablar de alcoholismo entre los jóvenes que se reúnen en torno al botellón, es posible esperar un reflejo clínico en la medida en que aumente esta práctica juvenil.

En esta línea, parte de la discusión giró en torno al incremento de jóvenes en los servicios de urgencias por intoxicación etílica y la idoneidad o no de contar con una buena legislación que controle la venta y consumo de alcohol por parte de los más jóvenes.

 

Roberto Secades      

 

Ahondando en este debate, Infocop Online ha querido entrevistar para sus lectores a uno de los participantes en la mesa redonda formada en torno a la dependencia alcohólica, Roberto Secades, especialista en el tema de las drogodependencias y profesor de la Universidad de Oviedo.

 

ENTREVISTA

 

Como usted mismo ha señalado en la mesa redonda sobre alcoholismo de este III Congreso Luso-Galaico sobre Avances en Drogodependencias, el botellón es una práctica ya normalizada, propia de los jóvenes españoles. Este fenómeno es objeto de atención desde diferentes ámbitos de la política y la salud, considerándose un factor de riesgo nada desdeñable para la población juvenil. ¿Cuál es su opinión al respecto? ¿Nos encontramos ante un verdadero problema de salud pública cuando hablamos del botellón?

 

Efectivamente, el botellón es un fenómeno muy extendido entre los jóvenes españoles. Sin atreverme a afirmar que es mayoritario, podría decir que un alto porcentaje de jóvenes lo practican de forma habitual. No es, pues, una práctica minoritaria, ni mucho menos.

 

Desde mi perspectiva, se trata de un importante problema de salud pública, y no sólo por los efectos que provoca en la actualidad (intoxicaciones, conductas vandálicas, problemas familiares, accidentes de tráfico, etc.), sino también por las consecuencias a nivel clínico que quizás se puedan empezar a observar en los recursos asistenciales dentro de no mucho tiempo. No debemos olvidar que el alcohol es, con mucha diferencia, la sustancia más consumida por los jóvenes de entre 14 y 18 años y que un porcentaje minoritario, pero significativo, tiene un patrón de consumo que podríamos denominar de riesgo o problemático.

 

En esta misma mesa redonda se señaló el aumento de los jóvenes que acuden a servicios de urgencias como consecuencia del uso abusivo de alcohol los fines de semana. Usted acaba de hacer mención a este tema… ¿En qué medida ha cambiado el perfil de las personas que acuden a los centros de drogodependencias españoles en busca de tratamiento para su adicción al alcohol?

El alcohol, junto con la cocaína, es la sustancia cuyo consumo se menciona más frecuentemente en las historias clínicas de las urgencias por reacción aguda a sustancias psicoactivas. En muchos de los casos, se trata de personas de edad muy joven; también menores de edad. Estos patrones de consumo ya se están reflejando en las demandas de tratamiento. Es fácil constatar que cada vez hay mayor proporción de jóvenes que acuden a programas de tratamiento demandando ayuda profesional. En la mayoría de las ocasiones, el consumo de alcohol, junto con el de cannabis y cocaína, son las sustancias que provocan esta demanda asistencial. A esto hay que añadir toda la problemática judicial, social o familiar asociada al consumo de sustancias.

 

 

Usted ha lamentado en diferentes ocasiones el hecho de que el Gobierno no haya puesto en marcha una ley sobre el consumo de alcohol con el mismo ahínco que se hizo para el caso del tabaco. En esta línea, no pocos profesionales han manifestado que una buena legislación que incidiera sobre la venta y el consumo en los menores, podría reducir de manera significativa algunos de los factores de riesgo más habituales. ¿Por qué es tan importante contar con una ley de esta índole? ¿Qué debería hacer la Administración para garantizar no sólo la elaboración, sino también la correcta puesta en marcha de una ley así?

Es evidente que una norma legislativa que vaya en la dirección de reducir la disponibilidad del alcohol tiene efectos directos sobre el consumo y, por tanto, sobre las consecuencias asociadas a dicho consumo. Por supuesto, no quiero decir con esto que una ley de este tipo sea la solución definitiva al problema, pero sí que ayudaría mucho a reducir las actuales dimensiones del mismo.

 

Por otra parte, hoy sabemos también que los programas de prevención del uso de alcohol (y de otras drogas) funcionan mejor cuando van acompañados de normas sociales y legales que disminuyan la oferta y restrinjan la accesibilidad a estas sustancias. Por lo tanto, es importante atacar el problema desde las dos vertientes: legislativa y educativa.

 

Resulta evidente también que una ley de estas características debería contar con el apoyo de los gobiernos de todas las Comunidades Autónomas. Pero no se debe ocultar que esto es muy complicado debido, sobre todo, a la tradición vitivinícola de algunas regiones de nuestro país y a la importante influencia de la industria alcoholera. La prueba está en que los dos últimos gobiernos fracasaron en sus intentos de desarrollar una legislación en el sentido que aquí señalamos.

  De manera general, ¿qué aspectos principales debería contemplar esta ley?

 

La ley debería regular aspectos fundamentales relativos a la venta, la publicidad y al consumo de alcohol. Y todos estos aspectos centrados sobre todo en los más jóvenes, en los menores de edad, que son las personas más vulnerables.

Una normativa de este tipo puede ser efectiva siempre y cuando se establezcan mecanismos de control y supervisión eficaces que aseguren el cumplimiento de la misma. Sabemos, por ejemplo, que muchos menores de edad adquieren bebidas alcohólicas con cierta facilidad, sin que exista un control riguroso de esta práctica ilegal.

Dentro del marco de una posible ley sobre el consumo de alcohol, ¿qué cabida tendrían los y las psicólogas? ¿Qué datos nos aportan los estudios más recientes sobre tratamiento psicológico con personas dependientes del alcohol?

Los psicólogos juegan un papel fundamental, tanto en la prevención como en el tratamiento de los problemas asociados al uso de alcohol. Por lo que se refiere a la prevención, ya hemos dicho que las leyes no pueden por sí solas resolver el problema. Hoy en día creo que es aún más necesario, si cabe, impulsar la implantación de programas de prevención universal y selectiva en el ámbito escolar, familiar y comunitario.

 

Por lo que se refiere al tratamiento, me atrevería a decir que el papel de los psicólogos en el trabajo con lo más jóvenes es aún más importante que en el caso del abordaje con los adultos. No olvidemos que si hablamos de jóvenes, lo más habitual es que se trate de problemas de consumo de riesgo o tal vez de abuso, pero no de dependencia grave. Por tanto, el tratamiento de primera elección debe ser el psicológico, orientado a una disminución o extinción de la conducta de beber, a la solución de los problemas asociados (sociales, familiares, etc.) y a una reestructuración del estilo de vida que normalmente se encuentra asociado a este tipo de problemas.

 

¿Le gustaría añadir alguna otra cuestión en relación al tema que nos ocupa?

 

Tan sólo me gustaría resaltar la importancia del papel de los profesionales de la salud a la hora de mantener un discurso coherente y consistente sobre el consumo de alcohol de los jóvenes, en general y sobre el fenómeno del botellón, en particular. Me parece que los discursos que justifican estas conductas por ser, por ejemplo, supuestas formas de trasgresión, de protesta o de emancipación, propias de estas edades, no ayudan precisamente a resolver el problema.

 

Además, es importante insistir en un análisis de estos fenómenos en términos de problemas de salud pública y no exclusivamente de orden público. Los psicólogos sabemos que el primer paso para un tratamiento eficaz es necesariamente la elaboración de un diagnóstico adecuado

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