«Quizá lo que necesitamos es instaurar una vieja moral o una nueva reforzada»

30 09 2007

El ex ministro, que ayer recibió la Medalla de Oro del Ateneo Jovellanos, alerta sobre «la crisis de la familia» y clama por «mejores profesores y mejores alumnos»

26.09.07 – EL COMERCIO

Es el maestro indiscutible, el experto en leyes a cuya puerta siempre se llama, la voz del que ha vivido la España lejana y que mira con esperanza la que está caminando por el nuevo siglo. Es Aurelio Menéndez. En otro tiempo preceptor del Príncipe de Asturias y ministro de Educación, «extraordinaria personalidad universitaria y representante de la alta tradición de la escuela española de Derecho Mercantil», en palabras de quienes le auparon al palmarés del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (1994). Pero sobre todo es un asturiano, gijonés del 27, que clama por la jubilación real de sus quehaceres de abogado en Madrid, para volver a casa, «a mi ciudad». -Hace tiempo que sueña con dejar su vida laboral ¿qué le retiene?

-Es muy difícil dejarlo todo, sobre todo cuando le necesitan a uno. Ahora con la muerte de Rodrigo Uría, mi gran amigo y compañero en el bufete, cuyas riendas, además, llevaba muy gustosa y eficazmente, el trabajo se me ha multiplicado. Me tengo que hacer cargo de sus responsabilidades. Es muy difícil abandonar y de momento, me contento con que me ayuden personas eficientes a sacar el trabajo. Ya llegará el momento del descanso.

-Hablaba de Uría. Fue una gran pérdida, ¿le echa mucho de menos?

-Desde luego. En lo laboral, como ya he dicho, y en lo personal. Era una gran persona y como todas las grandes personas dejó un gran vacío. En el despacho su labor era muy importante, aunque le gustaba mucho el arte y le dedicaba mucho tiempo, como presidente del Patronato del Museo del Prado. -Se le han ido personas muy queridas en muy poco tiempo.

-Sí, desgraciadamente mi mujer falleció también no hace demasiado y esas cosas no sólo te entristecen enormemente, sino que te suponen una llamada de atención. A mi edad todas las pérdidas de seres queridos son avisos y por eso es necesario que vaya dejando algunas cosas listas, desprendiéndome, poco a poco, de responsabilidades para volverme a mi casa de Gijón.

-¿Le gustaría regresar a Asturias?

-No podría satisfacerme más. Soy un enamorado de Asturias y adoro Gijón. Vuelvo siempre que puedo, pero no puedo todo lo que quiero.

-¿Y volverá?

-Qué difícil. Creo, sinceramente, que no será posible.

-En su tiempo de máxima actividad fue educador del Príncipe Felipe, ¿cómo le observa ahora?

-Con total serenidad, buen juicio e inteligencia. Creo que ha logrado que su buena formación y sus cualidades humanas se detecten en sus actos. Creo que es un hombre que va por buen camino.

-¿Conoce a sus hijas, las infantas?

-Sí, son muy ricas. Bueno, todos los niños lo son.

Optimista convencido

-Usted es una persona optimista ¿ve todo con ojos de esperanza?

-Sí, me gusta pensar que las cosas siempre pueden ir a mejor.

-¿El país irá a mejor?

-Hemos vivido los últimos veintitantos años mejores de nuestra historia. Claro que pienso que podemos seguir mejorando. Desearía que esos logros, esa España nueva progresara y siguiera desarrollándose hasta lograr el lugar que le corresponde en el mundo.

-¿Y cómo está el mundo?

-Muy complicado. Cada época que transcurre ofreciendo un corto progreso lleva consigo muchas otras preocupaciones y angustias que nos inquietan a todos, pero también en el mundo tengo esperanza. Esa nunca se pierde.

-Hay quien dice que si seguimos así la Europa del bienestar nos explotará en las manos.

-Que va, la tarea de Europa es larga y complicada, como todas las cosas importantes, pero con mucho esfuerzo se acabará superando los factores nacionales que la dificultan. Llegará un día en que tengamos ese mapa de la Europa política que tanto se desea y tan necesario es. Yo no lo veré, pero llegará estoy seguro.

-¿Piensa en el final?

-Claro. Ya le dije, la edad, las pérdidas de mi entorno. He vivido mucho y muy bien.

-¿Cambiaría algo de su pasado?

-Nada. Ahora que creo que no me queda casi futuro al que mirar me gusta observar mi vida y darme cuenta de que he tenido mucha suerte. No puedo quejarme de nada y si volviera a vivir viviría de igual manera.

-Y en ese pasado fue ministro de Educación ¿cómo observa los continuos cambios de leyes en materia educativa?

-No creo en el valor transformador de las formas legales por si mismas. Lo que se necesita es gestión, gestión y gestión. Buenos profesores, bien formados y bien cuidados, que son una de las partes más esenciales de nuestra sociedad, aunque algunos no se den cuenta y, por supuesto, mejores alumnos.

-Formar mejores profesores parece fácil, ¿pero de dónde sacamos los buenos alumnos?

De una casa en la que la educación es importante. Hemos dejado demasiado trabajo a los centros escolares. La crisis de la familia es una realidad que se deja sentir en el alumnado y se requiere un esfuerzo muy importante. Quizá lo que necesitamos es instaurar una vieja moral o una nueva reforzada.  

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