«Yo, lo que él me pida»

28 05 2007

Una ‘guía para conocer y educar a los adolescentes’ alerta de su ignorancia y prácticas de riesgo en materia sexual y pide a los padres un mayor compromiso con su formación

Un sábado cualquiera, como hoy. «Once de la noche. Elisa sale con sus amigas, cinco chicas sin pareja estable dispuestas a comerse el mundo. Judith, de 16; Candela, de 18, María José, de 18; y Viky, de 19. La idea es ir a bailar. ¿Sólo bailar? «Esta noche es nuestra», afirma Elisa, también de 16. Su madre les dice que deben estar de vuelta como muy tarde a las cuatro. Entre ellas susurran lo que serán capaces de hacer si se encuentran con el chico que les gusta. «Yo le como los morros», dice una. «Yo, lo que él me pida»,contesta  la otra».

Judith, Candela, María José, Viky y Elisa son cinco de los más de 200 jóvenes que la filóloga y pedagoga Nora Rodríguez ha entrevistado para ‘¿Hablas de sexo con tus hijos?’, una «guía para conocer y educar a los adolescentes» en el complicado camino de la sexualidad. El libro pretende llamar la atención de padres y educadores sobre una realidad que, a menudo, desconocen. Las relaciones sexuales de los chicos de hoy poco o nada tienen que ver con las que vivieron sus progenitores, por muy jóvenes que sean. Ellos, como sus hijos, tuvieron que enfrentarse a los miedos, dudas e inseguridades típicos de la edad; pero el panorama actual, el mundo de ligues y relaciones que cada fin de semana se abre para los adolescentes, es radicalmente distinto al de hace sólo dos décadas.Las prácticas sexuales de los más jóvenes no dependen tanto del repentino aumento de sus hormonas como «de lo que creen que necesitan para estar al mismo nivel que los de su edad», según defiende la autora del libro.

Han sido educados por las peores películas y direcciones de internet, donde el sexo es rápido y sencillo, el fetichismo campea a sus anchas y prima «la máxima de ‘tú eres joven, tú puedes, lo que les genera ansiedad y deseo de estar a la altura».

El sexo de los adolescentes se caracteriza por la incomunicación y falta de conciencia sobre los actos que realizan los chavales, a menudo bajo los efectos del alcohol y otras drogas. Como consecuencia, las relaciones sexuales se transforman para ellos en una constante amenaza, una continua exposición a embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual y vidas rotas por la inconsciencia. Lo que sigue a continuación es el resumen de la radiografía hecha por la especialista y su consejo para los padres, que se concreta en una sola palabra: comunicación.

Noche de conquista«’Yo no tengo novio y no tendría sexo de verdad si no fuera con mi novio, pero he tenido juegos eróticos con personas de otro sexo (…), caricias, besos de lengua, sexo oral… Es como el sexo, pero sin sexo’ (Carina, 17 años)».Los adolescentes están hiperestimulados. La mayoría, según relata la autora de ‘¿Hablas de sexo con tu hijo?’ pueden leer artículos sobre ‘Kamasutra lésbico’ o ‘Curso intensivo sobre sexo’ en revistas para chavales de doce años que sólo han comprado con la intención de hacerse con el póster. Luego van a casa y en la soledad de su habitación, en cinco segundos, con sólo escribir la palabra sexo en el buscador de su ordenador, pueden obtener 10,6 millones de páginas diferentes, muchas de alto contenido erótico. Seis de las diez primeras ofrecen sexo gratis; y las otras cuatro tratan sobre lujuria, sadomasoquismo y porno.Es así como se informan. Cuando se enfrentan a una noche de conquista, lo hacen tras haber consumido alcohol, pastillas de éxtasis y otro tipo de estimulantes. Las drogas les desinhiben. Tanto que muchas veces amanecen en pareja, semidesnudos, sin saber con certeza, ni sin ella, qué ocurrió en realidad.

«’Yo lo hice dos veces en la discoteca, delante de todos, pero te pueden pillar’ (Carlos, 17 años)».

No hay una sexualidad homogénea entre los adolescentes, como hace dos o tres décadas, cuando sólo unos pocos se permitían ciertas variaciones y juegos sexuales. De las entrevistas con jóvenes y especialistas médicos, Nora Rodríguez deduce que «hoy son muchos los que practican todo lo que ven hacer en la red, no lo que es bueno para ellos o saben que es bueno. Los chicos actúan con la máxima de no ser diferentes a los de su grupo. Hay que hacer lo que la moda y los líderes dicen que hay que hacer. Ellas, que aún creen en el amor romántico y el príncipe azul, dejan que sus novios lleven la voz cantante y aceptan sus propuestas. El sexo oral es la práctica más común, pero también se practica el sexo anal, entre otras razones para evitar embarazos. Las lista de relaciones es larga: sexo en grupo, con desconocidos, con el amigo de confianza al que siempre se recurre, antes y después de un desengaño amoroso…

Anticonceptivos«No tengo miedo a hacer el amor con mi novio. De hecho, ya hacemos muchas cosas que se le parecen. Lo que me da miedo es quedarme embarazada’ (Maritza, 17)»El Instituto Nacional de Estadística afirmaba en 2003 que el 40% de las personas entre 18 y 49 años no usaba el preservativo en sus relaciones casuales. «Hoy la costumbre está más que extendida», comenta la pedagoga argentina. Los jóvenes se exponen a embarazos no deseados, al sida y otras enfermedades de transmisión sexual con prácticas como la ‘marcha atrás (ellos lo llaman ‘hacer el famoso’) y creencias tan falsas como que la primera vez una no puede quedarse embarazada.

Chicas, chicos y padresEllas consideran natural que los jóvenes no pongan un límite racional a sus impulsos. Se sienten responsables de la satisfacción sexual y emocional de sus parejas y les permiten un desliz «siempre que no pase de sexo oral». Ellos, por su parte, se ven obligados a ir «de supermachos» para no ser tildados de afeminados; y a garantizar el orgasmo en cada coito. Hay que ser duro: la confianza en la pareja se ve como «una mariconada». En medio están los padres de una y de otro, obligados a educar en el sexo a sus hijos a una edad temprana. Luego, a partir de los 14, el grupo, la pandilla, decapitará su autoridad. FERMÍN APEZTEGUIA/  EL COMERCIO     3-3-2007

 

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