«Entiendo la cordura como un injerto de la prudencia en el corazón de la justicia»

26 05 2007

ADELA CORTINA CATEDRÁTICA DE ÉTICA Y FILOSOFÍA POLÍTICA, ESCRITORA Y ARTICULISTA
David ORIHUELA
La profesora Adela Cortina ha sido galardonada con el Premio Internacional de Ensayo «Jovellanos», que concede la editorial asturiana Nobel, por su obra «Ética de la razón cordial». Según el acta del jurado, presidido por Pedro de Silva en ausencia de Sabino Fernández Campo, «el ensayo premiado considera que la compasión es el motor del sentido de la justicia que busca y encuentra argumentos para construir un mundo a la altura de lo que merecen los seres humanos». Cortina agradeció el premio y analizó su obra desde su domicilio en Valencia, en cuya Universidad ejerce como catedrática de Filosofía Política.
-Enhorabuena.
-Muchas gracias. La verdad es que es un premio fantástico y que tenga el rótulo de Jovellanos es un gran honor. Es un gran ilustrado, un buen frontispicio para un premio muy prestigioso. Además, tengo mucha vinculación con Asturias y por eso el premio me satisface aún más. (Adela Cortina forma parte del jurado del premio «Príncipe de Asturias» de Ciencias Sociales).
-¿Debemos pasar de la ética de la razón a la ética del corazón?
-Lo que pretendo es hacer una aportación a la ética y a la filosofía política, articular la ética de los ciudadanos. Vivimos en una gran esquizofrenia entre lo que se proclama en las grandes declaraciones de derechos humanos y lo que hacemos, entre los grandes valores que proclamamos y lo que se ve.


-¿Por qué no se hace si se piensa?
-No se sabe por qué no acaban de calar esos grandes valores, no logran alcanzar el corazón.
-¿Qué es el corazón para una profesora de Ética?
-El corazón es el afecto, la inteligencia, el arrojo…
-¿Y?
-Es necesario articular una educación en la ética cordial, del corazón. La tradición nos enseña los valores fundamentales, pero no los profesamos; hay que educar en el sentimiento social.
-¿Es eso posible en una sociedad tan individualista?
-Cada uno debemos ser autónomos pero en vínculo con los otros, darnos cuenta de que somos con otros.
-En su libro habla de la cárcel de Abu Ghraib, de Guantánamo, de la violencia en los centros escolares…
-Es que la preocupación nace de lo reciente.
-¿Esos elementos son la demostración de la ausencia de unos valores que nunca se han tenido o que se han perdido?
-Los valores existen, pero nunca han llegado a calar. Hemos progresado mucho en el valor de las declaraciones, pero en el nivel de encarnar esos valores nos queda mucho por andar.
-¿Cuál es el camino?
-Yo propongo más la cordura que la prudencia, entendiendo la cordura como un injerto de la prudencia en el corazón de la justicia.
-¿Se pregunta «hasta dónde podemos llegar cuando la presión social imperante no abona el más elemental respeto, sino que premia a los torturadores, a los asesinos, a los desalmados, a los que desprecian el dolor y el sufrimiento de otros», «hasta dónde podemos llegar cuando la presión social recompensa a los que no tienen corazón», tiene respuestas?
-Estamos muy presionados. La gente intenta parecer un poco decente, pero cuando notan que nadie les espía dejan de serlo. Hemos perdido los vínculos de relación de unos con otros y debemos reconocer esos vínculos. Se nos está olvidando. Un crío es capaz de pegar a un compañero o a un profesor porque piensa que no les une nada.
-¿La solución final?
-La educación es la única arma que nos queda para salir del individualismo en el que nos encontramos en la actualidad.
-Su primera obra publicada fue «Ética mínima», ¿es esta ética cordial una evolución?
-Sigo en esa línea, pero entiendo, y ya lo decía Aranguren, que le faltaba corazón. Sigo en una ética mínima pero cordial. Nos hemos constituido en el ombligo del mundo y nos mueve el egoísmo cerrado, no entendemos que la felicidad se hace con otros.

-Usted es fundadora del programa de doctorado «Ética y democracia», ¿es ético dentro de una democracia dejar al etarra De Juana Chaos en prisión pese al peligro que corre su vida por la huelga de hambre?
-Cuando un Estado de derecho se articula, lo hace sobre los derechos de todos los ciudadanos y cuando los cumple, está actuando éticamente.
-En el debate actual sobre el terrorismo en España y el proceso de paz en el País Vasco se apela a la ética y a la moral.
-Insisto en que nos estamos constituyendo en el ombligo del mundo. Hay debates más amplios. No digo que no se deba hablar del terrorismo e intentar erradicarlo, pero no es el único problema. Hay que saber que en un día se mueren miles de niños de sed en el mundo y que tenemos la capacidad y los recursos necesarios para hacerlo.
-¿Por qué no se hace?

-Cuando se desarticula el corazón y se llega a la ceguera emocional, no tenemos sentimiento de compasión, capacidad de padecer y de alegrarnos con otros.
-Se han planteado iniciativas como los objetivos del milenio.
-Volvemos a la terrible distancia entre las grandes declaraciones y los hechos. Los objetivos del milenio se marcaron primero para 2005 y luego se retrasaron hasta 2015. Entre los objetivos está reducir la pobreza, cuando el objetivo debería ser la erradicación. Es volver a mirarse al ombligo, al individualismo y a no darse cuenta de la necesidad de los otros, de la ética de los diálogos. Los otros son necesarios para ser felices; la compasión es el motor, es el motor de la justicia para construir el mundo que merecemos.

LA NUEVA ESPAÑA  27-1-2007

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