«La gente joven de hoy prevé que va a vivir peor que sus padres»

4 03 2007

«Detrás del acoso laboral siempre hay miedo; se pretende una actitud de poder, pero lo que hay es una gran inseguridad» XAVIER GUIX GARCÍA PSICÓLOGO, AUTOR DEL LIBRO «DESCONTRÓLATE. REFLEXIONES PARA LOS QUE CONTROLAN DEMASIADO»
J. M. CEINOS  LA NUEVA ESPAÑA  2-2-2007
Xavier Guix es un autor de éxito. Sus libros, sobre el comportamiento humano, están de moda. Anoche, invitado por la Fundación Escuela de Negocios de Asturias, presentó en Gijón su obra titulada «Descontrólate. Reflexiones para los que controlan demasiado».
-¿Qué es eso del máximo control?


-Hablamos de las personas que tanto en su trabajo como en su vida particular controlan demasiado las cosas que les suceden o que les pueden suceder. Digamos que un control adecuado de la vida todo el mundo lo necesita, a todos nos gusta tener controlado aquello que hacemos, que lo que me viene encima podré manejarlo, pero, a veces, esa sensación es un temor, es decir, puedo controlar las cosas en el ejercicio habitual de mi trabajo, puedo ordenar la casa, planificar mi futuro, pero la vida, ¿la puedo ordenar, puedo decidir cómo van a ser las relaciones, puedo controlar a mi pareja, a mis hijos? Cuando ya entramos en el ámbito de la vida misma, las cosas que nos suceden… Ahí el control se nos escapa. Hoy estamos viviendo un momento de máxima incertidumbre globalmente.

-¿En qué sentido?
-Como seres humanos estamos viviendo un momento de mucha incertidumbre, nunca como ahora vivimos sin saber lo que ocurrirá mañana. En otras palabras, nuestra vida, por muy organizada que esté, está sujeta a acontecimientos que nos hacen darnos cuenta de que en cualquier momento nos puede pasar cualquier cosa. Por ejemplo, antes podíamos ver los movimientos islamistas como algo lejano, pero cuando la bomba te la ponen al lado empiezas a sentir miedo…
-¿Pero la sociedad española no está inmunizada de todo?
-No, en absoluto. La sociedad española está pasando tanto miedo como todo el mundo. Hoy es muy difícil escuchar a alguien decir que tiene claro lo que hará con su vida o con el futuro de sus hijos, mientras que antes la gente lo tenía más claro, ¿por qué?, pues más o menos la sociedad estaba más organizada y todos sabíamos lo que podíamos encontrar y lo que se esperaba de nosotros.
-¿Pero la principal preocupación de los españoles no es llegar a la jubilación, o sea, la vida asegurada?
-En absoluto, quién lo tiene asegurado. Algo tan simple como pensar que tenemos la pensión asegurada hace tiempo que se nos empieza a decir que no es así, que se supone que sí gracias a la inmigración, pero nadie nos asegura nada. Antes, cuando uno se casaba, sabía que esa mujer o ese marido duraría toda la vida, era un compromiso que iba más allá de lo emocional, pero, hoy, ¿quién garantiza que esa persona estará toda la vida contigo? Por lo tanto, son toda una serie de elementos que constituyen una sensación de incertidumbre, de fragilidad; es decir, no somos tan inmortales. En definitiva, es una paradoja, vivimos más años, vivimos mejor, pero a costa de sentirnos peor. Hay algunas investigaciones que ya dan cuenta de que la gente joven de hoy prevé que va a vivir peor que la generación de sus padres, pero no en el sentido de bienestar, que el Estado cada vez lo garantiza más, sino en la forma de vida, o sea, lo que estamos viviendo de la problemática de la vivienda, de la seguridad, del paro…
-¿Entonces, puede ser más feliz alguien que viva en un pueblo de Marruecos que otro que resida en Sant Boi, provincia de Barcelona?
-Actualmente lo es.
-¿Cómo dice?
-Y hay ejemplos que nos vienen de Oriente, como la India, de gente que vive sin tener nada pero con una enorme felicidad, o de una aparente felicidad, que asombra.
-Pero se mueren jóvenes y la mortalidad infantil es tremenda…
-Sí, pero viven aceptando su realidad, su contexto…
-¿Es ése el problema, que esta sociedad no acepta su contexto…?
-No es que no lo aceptemos, es que lo queremos todo. Lo que nos cuesta es aceptar lo que vamos viviendo en cada momento, lo que vamos recibiendo. Y precisamente los que controlan mucho son las personas que están enganchadas a no perder y controlar todo lo que pueden conseguir, es decir, quieren tenerlo todo, y es lo que les pierde. Imagínese usted el tremendo esfuerzo que hay que hacer para querer tenerlo todo; no me extraña que haya tanta gente con tanto estrés, con tanta depresión y con tanta ansiedad.
-O sea, ¿puede ser más feliz un obrero de Sabadell que un potentado que viva en una gran mansión del Tibidabo?
-Los dos pueden vivir bien si aprenden a vivir bien, y eso significa aprender a amar lo que tienen, a amar lo que hacen, a sentirse bien con lo que hacen, y esto lo puede hacer tanto una persona que no tenga nada como el que tenga más. No se trata tanto de una cuestión externa, de elementos externos que me garanticen o no el ser feliz, sino de cómo me veo a mí mismo. Ahí está un trabajo muy interesante, que es el de la aceptación. En cambio, en nuestra cultura este discurso de la aceptación cuesta mucho, ya que hablamos o de tenerlo todo o de la resignación, pero no es eso, se trata de aceptar desde la plenitud de la felicidad.
-Pero lo que usted plantea es muy difícil de aceptar en el mundo occidental en el que vivimos…
-Claro, y de ahí viene el descontrol. Tratamos de controlar tanto nuestra vida que, al final, lo que hay detrás es miedo.
-¿Miedo a perder lo que tengo?
-Claro, miedo a no llegar, a no conseguir, a que me rechacen, al abandono. Un control mínimo está bien, pero cuando ese control es férreo, desbordado, cuando nos hace realizar cosas extrañas, es lo malo.
-¿Cuál es su receta?
-No hay recetas. La reflexión más importante es sobre la aceptación, y eso conlleva una parte muy importante, que es la confianza en uno mismo; en definitiva, lo que a mí me va a permitir afrontar una situación incluso sin saber si la podré controlar, pues la confianza. En definitiva, la vida no se puede controlar, es la vida la que te lleva.
-¿Los jefes muy controladores suelen caer en el acoso laboral?
-Efectivamente, detrás de un acoso siempre hay un gran miedo. Es decir, es una situación en la que uno, supuestamente, pretende una actitud de poder, pero detrás está una gran inseguridad y un gran miedo, y como tengo ese gran miedo tengo que controlar, y como lo hago, pues desde la humillación rebajar a la persona hasta tal punto que me pueda meter con ella, que me sea fácil tratarla mal. Pero hay que entender que no todo es la productividad por la productividad, que es más importante cómo se encuentre la persona, y si la persona se encuentra bien en la empresa produce mucho más. Es tan sencillo…
-La teoría está muy bien, pero ¿cómo educar a los niños para que no se los «coman»?
Básicamente, los niños se educan según lo que ven en el comportamiento de sus padres, es decir, hagas lo que hagas, va a aprender de ti, y lo que tú le hagas a tu hijo él lo hará luego en la vida. El segundo aprendizaje es que es tan compleja la vida de hoy que tú solo no puedes educar a tus hijos, es decir, que tienes que tomar la decisión de quién más va a educar a tus hijos. No se puede pensar por los hijos, cuando tengan la edad de ser felices o infelices, ya decidirán por sí mismos. Los padres, pues, fuertes con sus valores, y ya habrán hecho la misión de su vida.

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