Isabel Menéndez
Durante la primera infancia, entre los dos y los seis años, el pequeño se encuentra en plena etapa de seducción y dependencia de la madre e intenta acapararla por momentos. La actitud de ella, a su vez, puede favorecer esa dependencia si cuando el niño quiere separarse, ella inconscientemente lo atrae de nuevo. Sólo una intervención exterior (el padre, la guardería o los juegos) le permitirá evadirse de esa relación demasiado exclusiva.
Nada más llegar a casa, Raúl, que tiene tres años, se pega a su madre e intenta acapararla, sin dejarla a solas ni un minuto. ¿Por qué no se va un rato con su padre? –se pregunta Laura–. ¿Es normal que me persiga hasta este punto? A veces, Laura se siente un poco culpable porque desea tener un poco de tiempo para recuperarse. Pero lo cierto es que, una vez que llega a casa, el niño no la deja ni cambiarse de ropa. Ella sueña con que Raúl sea más independiente, pero sospecha que está lejos de conseguirlo.
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