Versión de Manuela Rodríguez
Editorial Kalandraka

Mamá Pata da calor a sus huevos en una granja. Era la única forma de tener hijitos. La pata fue paciente y dio mucho calor y amor a aquellos huevos blancos y hermosos hasta que los cascarones comenzaron a romperse y, como atontados, salieron de ellos unos patitos monísimos. Pero como no hay nada perfecto, uno de los huevos no se rompía ni a tiros. Para colmo era el más grande. Mamá Pata se quedó desconcertada, no sabía si darle más calor o darle un picotazo…














Comentarios recientes